28 de agosto de 2011

Bajo la almohada (dedicado)

A menudo decidimos visitar
los recuerdos, por el gusto amargo
de mirar en los bolsillos rotos.
Ahí siguen las palabras amordazadas
con hilos de cristal, los rostros sin
caretas de tiempo, el unicornio
perdido de Silvio y las mentiras
con trazos gruesos de verdad,
pero siempre es ayer y te prometes
mas de lo mismo mañana sin falta…
o cualquier jueves a las diez. Y un día,
hartos de distinguir mañanas sin brillo,
besos de amor con babas de napalm,
horizontes al otro lado de Neptuno,
que mejor que un unicornio es un ojala,
un día cerramos los ojos para recordar
todas las veces que bajo la almohada,
ningún ratón dejó lo suficiente
para empezar de nuevo.

21 de agosto de 2011

El sueño de una tarde de verano. (dedicado)

Y paso así, de pronto, como ocurren las cosas insignificantes, sin anuncios, sin porqués… sin mas: se quedo dormida en uno de esos sueños triviales, etéreos que sospechamos profundos y lejanos como el fondo del mar. Los ojos, las manos, todo su cuerpo quedo a la espera de una orden que parecía, me parecía, imposible.
Por no despertarla, la sangre decidió correr mas despacio por la luz circular de sus venas, las ilusiones se deslizaban de un lado a otro de su cabeza sin hacer ruido, y el corazón decidió darse un descanso parando un segundo de cada siete. Hasta el viento que poco antes jugaba con su pelo llevándolo de aquí para allá, dejo de jugar. También el tiempo paso a su lado y al verla dormida, casi inmóvil, decidió esperar a que hiciese un gesto para volver a caminar.
Yo (era yo?) miraba la escena inmóvil, petrificado, a dos pasos de ella y mil sueños de distancia y no quería tragar saliva, o parpadear por no despertarla. El peor de los tormentos era que se escuchara mi respiración o mis pensamientos y mentalmente pedía a dios que no se oyera como crecían mis uñas o mis cabellos. Entretanto, el tiempo seguía parado para bien y para mal.
Luego en algún momento ella empezó a abrir los ojos muy despacio, unos ojos oscuros y radiantes que iban robando luz por donde se posaban. Me miro, sonrío, dijo algo con timidez que no entendí… y fue suficiente para que el tiempo volviera caminar. Y se pudo sentir otra vez, el viento retomando el juego del pelo, como los fantasmas volvían a correr después de haber estado secuestrados por su sueño o el latido cotidiano, siete de cada siete, de un corazón
Y la vida después, continuó como si nada hubiera pasado. El tiempo si. El tiempo había pasado para bien y para mal.

16 de agosto de 2011

NEPTUNO III: enterramiento

Cuando llegue a puerto
construiré una barca
para quemar.
Allí dejare mis fantasmas
tendidos bocarriba y yertos.
Cubriré sus pobres espíritus
con palabras y versos
que fueron de ellos
que formaran una mortaja
de sentimientos, de ilusiones
y de felicidad.
Y a todos tapare los ojos
con dos besos:
uno como moneda de pago
que puedan dar al barquero
para que las lleve
a descansar en paz.
El otro será suyo para siempre
y cuando otros fantasmas
me vean con el en los labios
sabrán que no solo los quise
sino que aun los sigo queriendo.
Después quemare la barca
y la empujare mar adentro
para ver como se aleja.
Y solo estaré yo para verlo.
Es el destino de Neptuno.

NEPTUNO II: dios del mar

Dejo los brazos en cruz para
que el sol arroja luces de color
por la punta este de mis dedos.
Calculo mentalmente la energía
que me llena de esperanza,
abro los ojos y observo ante mi
la vida con esfuerzos renovados
para el día a día, sin enmiendas,
sin tachaduras: una vida paz que gastar.
A mi izquierda veo nubes densas
entre los restos de la noche
huyendo muy deprisa de mi.
Para ellas mis mejores deseos.
Y que no vuelvan. Que se lleven
sus lagrimas de granizo,
sus vientos helados.
Que sus huracanes arrasen
de una vez las ideas estupidas,
los sueños estupidos,
y los momentos estupidos
que insisten en aferrarse a mi.
Y a la espalda, sin mirar,
veo mis huellas mas inmediatas.
Ruinas encendidas que dejo atrás
devorando las ideas y las personas
que me alimentaban. Quemo aquello
que quiero y todo aquello que no.
Nada me vale. De todo huyo.
Viajo sin maleta y a veces pienso
en arrancarme las uñas para que
mis manos no aguanten ningún peso.
Esta extraordinaria facultad de marchar
ligero me permite huir hasta de mi mismo.
Y quemo mis naves antes de partir  
para saber que no puedo volver y que
las calaveras de mis recuerdos no huelan
porque no soporto el olor a putrefacción.
Las cenizas que se amontonan a un lado
y otro del camino no me dejan olvidar.
Y sin embargo se que todo es al revés.
Se que yo por dentro siempre miro al sur.
Que la energía no entra expectante por mis dedos
sino que escapa, conformista, por mis dedos
sin ninguna posibilidad de que cierre la mano
y frene el flujo vital que se distancia de mi.
Y que cuando miro al frente solo veo el pasado
construido de ilusión y esperanza de deseos
rotos y zanjados con miga de pan.
Que las nubes con sus fríos y sus vientos
no se alejan sino que galopan hacia mi
con la velocidad de la luz y me esperan
días de invierno detrás de los cristales
viendo la lluvia por dentro y por fuera de mi.
Y no es el pasado angustioso y dantesco
con fuegos transformadores que limpian lo que veo.
Es el futuro, el camino que me queda por recorrer
en el que cada fuego quema un sueño,
una certeza o una verdad. Todo absolutamente
todo debo quemar para despejar el camino.
Mi camino. Yo también me pregunto porque
siempre miro al norte si me lleva a la confusión
pero cada uno es como es y yo con el tiempo
he llegado  a ser Neptuno.

NEPTUNO I: la partida

Levo anclas. Debo hacerlo.
Saco hierros del agua
y despliego todo el trapo.
Espero los mejores alisios
y otra vez a la luz de la luna
me hago a la mar.
Atrás queda otro puerto
con mil amaneceres,
la sensación de que los buenos finales
no existen
y algún que otro recuerdo
para enmarcar.
Poco mas.
Los tragos de ginebra,
las esperas de sal,
los besos de verano…
todo por la borda.
Queda elegir entre babor
o estribor y confiar en que el viento
no me restriegue por la cara
la basura que quiero eliminar.
Y cuando no quede mas que un recuerdo
entre el cielo y el mar,
en medio de esa soledad
que tan bien conozco
poblada solo por los quejidos
cada vez mas humanos
de mi barco sin rescatar:
la madera que llora,
las velas que se lamentan
y el agua lavando,
curando cicatrices
antes que Neptuno
se de cuenta y me tiente
a cenar en su mesa
dispuesta de ira y maldad.
Antes de ello, otra vez soñar,
a soñar con puertos nunca vistos,
con puertos con dos soles,
con no escuchar cantos de sirena,
con no dormirme sobre las olas del mar,
con saber que las certeza
solo duran los tiempos de mentira,
con no jugar a las guerras sucias
y sobre todo
con no volverte a reinventar.
Me llevare los fantasmas
para sepultarlos en el mar.

31 de julio de 2011

Tu voz

Entre todas las voces, una,
reconozco la tuya.
De entre los truenos
y los gritos de silencio,
entre las multitudes
atropelladas por la prisa,
entre los árboles
condensados de vientos,
entre todas la voces, una,
reconozco la tuya.
Dentro de mil caracolas,
bajando a los infiernos,
            en el fondo de las aguas,
            por detrás de los espejos,
            besando a luz de la luna,
            suspirando al acecho,
entre todas la voces, una,
reconozco la tuya.
Diciendo que abril era perfecto,
que los versos abortan la lucha,
que los sueños mejor en voz baja,
que las mareas siembran dudas,
o que la pasiva del verbo amar
ni se consuela ni se conjuga,
entre todas la voces, una
diciendo ven,
entre todas la voces,
reconozco la tuya.

24 de julio de 2011

Mujeres

Hay mujeres que caminan
de espalda, mientras juran
no volver la vista atrás.

Que se equivocan a propósito
y no son capaces de acordarse
la ultima vez que jugaron a ganar.

Mujeres que tuercen el gesto
o sacan novias de las manos
en vez de decir: te quiero

Que cocinan a fuego lento
con el mando del gas
abierto de par en par.

Mujeres que se sueltan el pelo
y disponen todo su tiempo para
escribir “amor” con un dedo mortal.

Que vuelan dentro de tu cabeza
y un día aterrizan sin manos
entre la cordura por amor al riesgo.

Mujeres que ponen voz de amor,
ojos de amor, cuerpo de amor…
en una maleta y la tiran al mar.

Hay mujeres deseo
con rumbo herido,
mujeres solitarias
con rumbo perdido,
y mujeres naufragio
con rumbo lunar.

Y mujeres
con rumbo
desconocido

que
solo
quieren
amar.

20 de julio de 2011

Licha

 (…para siempre nos quedaran
las tardes, la gata mas puta,
la petiza, Satie y los viajes
por hacer. Para siempre)

No me gusta
la palabra dios,
ni decir adiós.
Yo como Jorge Luis,
cambiaria las letras
y los papeles escritos
a mil kilómetros de distancia
por señales y palabras contiguas,
que nos dejaran enfrascados,
sin aire, con los tiempos doloridos
de gastar recados
y agujetas en los huesos
de sujetarnos las ideas
el uno con el contra el otro.

16 de julio de 2011

Palabras. (dedicado)

Palabras, palabras, palabras y mas palabras. Bellas, cortas, agradables, sucias, con intención o sin ella, de deseo, de amor, de pereza, de alegría, de fantasía de mentiras, de magia, físicas, anémicas, apocadas, artificiales, de renombre de paciencia de saludo de perdición o de autentica resignación.
 Palabras como putas busconas que fornican entre ellas sin importarles el genero, el numero, su sexo, su léxico lesbio, su procedencia, su onomatopeya, palabras que definen, esconden, acusan, maldicen, giran sobre si, duermen de lado, dudan, sudan, trastornan, transmutan, transigen y pierden valor. Palabras por encima, por debajo, a cuatro patas, con las piernas en alto o de rodillas dispuestas a una felación. Palabras que a menudo veo o  escucho de los cabrones mas insignificantes o de cualquier madame penitente y arrepentida insultando sentidos los y las  emociones de los demás sin pudor alguno.
Palabras que paren historias pavorosas, ripios vomitivos, opiniones sin vergüenza o versos, esos pequeños hijos de puta que nacen a diario en todos los corazones en todas las almas en todos los cuadernos, tan fríos y sucios como los úteros podridos de sus madres, mentes de encefalograma plano  inspiradas en la tortura infame de su autoafirmación patética, triste y sin gracia.
De su imbecilidad de medio pelo. Y hay millones.

10 de julio de 2011

Que me vas a contar!

Que de hoy en adelante dejas,
o mejor, tiras la mascara
que te cubre el rostro a cada instante
para que vea como eres?
Que esa mascara nunca mas
te amordazara la boca
como un candado invisible
que solo te dejaba mover los labios
con los que fingías hablar
con los que fingías besar
o soplabas las velas año tras año?
Que ya por fin
no tendrás sueños ocultos
debajo de esa falta de ilusión?
Que me vas a contar!
No te imaginas las mascaras
que día a día he creado para ti.
Y ninguna como la que veo
cuando me miro al espejo.

El collar

Hoy encontré el collar en tu habitación. Quedo olvidado en el cajón pequeño del tocador. Aun tenia tiene el cierre roto. Supongo que no pensarías en él al salir.
Yo invente una historia para ti en la que el dios del fuego forjaba desde el fondo de la tierra aquella piedra que se encendía solo con el calor de tu piel. Por extraño que parezca, hoy en tu habitación, la piedra aun desprendía calor.
El dios del fuego no tiene piedad de mi.

30 de junio de 2011

Sara y Ashaki

I) Sara


Sara y yo somos primos, y nuestras familias lo tenían todo arreglado para casarnos. Yo tenia diecisiete años y ella veinte. Nunca nos habíamos visto porque mi padre y su hermano, mi tío, discutieron por la misma mujer y mi tío decidió irse de la casa del abuelo donde vivían. En otro pueblo empezó una nueva vida y apenas sabíamos de él mas que por otros parientes o amigos que visitaban ambas ciudades, para comerciar.
Mi padre se caso poco tiempo después y tuvo seis hijos. Yo soy el menor y el único varón de los seis. Mi tío también se caso, con una mujer viuda, muy rica, que tenia dos hijas de su anterior matrimonio y que le dio otras tres. La mayor es Sara.
Hace algo mas de tres años, el abuelo cayo muy enfermo y por medio de los amigos comunes le hizo llegar a mi tío una carta en la que le hacia saber que viendo cercana la hora de su muerte, nada le  iba a agradar mas que volver a tener la familia reunida y si no podía ser consideraría su vida, sin ningún sentido. Mi tío accedió rápidamente y cuando vino a ver al abuelo, llorando como un niño, le pidió perdón por los días tan amargos que le había hecho vivir. Después se volvió a mi padre que también lloraba emocionado y entre gritos, hipos y sollozos se dieron la paz delante de mi abuelo y para sellarla convinieron en que la primera hija de su matrimonio se desposaría con el único hijo varón de mi padre. Mi abuelo murió pocas semanas después de aquello pero los que estuvieron a su lado esos últimos días, cuentan como daba gracias al cielo por la felicidad recibida y porque la familia iba a seguir, aunque sin él, mas fuerte y mas unida que nunca.

La boda se había fijado para la primera luna de junio y cuando apenas quedaban cincuenta días supimos que la novia había sufrido un desgraciado accidente que obligaba a retrasar la boda. Las cartas que mi padre envío al tío para recibir noticias eran contestadas con evasivas o con tan poca información que mi padre empezó a pensar que todo había sido una mentira ante el abuelo. Pero un día se presento mi tío ante mi padre y muy afligido le dijo: “Hermano, vengo a ti buscando comprensión pues lo que he de contarte me duele y aflige mi animo. Una vez volví a casa, inicie los preparativos para formalizar la boda de nuestros hijos como acordamos. Pero mi hija Sara al enterarse, me deshonro gravemente negándose a aceptar la palabra comprometida ante mi propio padre. Debes disculparla, pues ella no ha crecido con nuestras costumbres, con nosotros, sino mas bien ante una familia que yo creé con gentes ajenas y sin duda esto le ha perjudicado en su buen juicio. También debes perdonarme a mi pues ahora comprendo que no he sabido conducir a mi familia por los caminos mas rectos. Tanto es así que Sara, como no cedía a los castigos que la impuse por desobedecer la palabra de su padre, hace unos días estando sola en su cuarto decidió cortarse las venas de sus brazos”. Mi padre no podía contener el llanto pero intentó calmar la angustia de mi tío y pactaron una nueva fecha para la boda, dejando tiempo para que la situación se serenara y a la espera de que mi prima Sara acabara aceptando la voluntad de sus mayores. Mi tío le entregó un pequeño retrato de su hija en señal de agradecimiento que mi padre guardaba ese en un mueble de su habitación con otras cosas suyas y yo, cuando podía, me acercaba hasta allí para mirarlo.
Así me enamore de Sara, mirando sus ojos verdes, su cara casi infantil, una boca delicada y unas manos que yo imaginaba suaves y amables como toda ella. Día a día absorto en aquel retrato iba forjando un amor absorbente, enfermizo, en el que apenas cabíamos los dos, muy juntos. Alrededor de aquel retrato crecía una vida pensada, soñada con mil detalles pequeños, mínimos, entre un muchacho que deseaba amar y una imagen de mujer. “Así abrazare a Sara” “Así la mirare todos los días” “Así besare sus ojos cuando duerma”, y cada día se me hacia mas difícil esperar.
Llego un momento en que deliraba incluso despierto. Me apropie de aquel retrato y no me desprendía de él ni un solo momento. Lo llevaba cogido a las ropas y eran los únicos movimientos que hacia premeditadamente: los de protegerle de cualquier golpe que pudiera dañarlo. Entre mi andar zigzagueante y que poco a poco empecé a decir en voz alta lo que antes solo pensaba de Sara,  mi imagen era la de un pobre loco que hablaba de  cosas sin sentido todo el día e iba moviéndose descompasadamente por la casa. Mi locura, llego al punto de pasarme las noche en vela, sentado en la cama, hablando con Sara e inventando las respuestas como si ella estuviera delante. Caí enfermo. Los médicos dijeron que era  cosa del animo y por todos los medios se empeñaban en mantenerme tranquilo incluso atándome por la noches a la cama. Pero no me importó.
Para entonces Sara venia a verme todas las noches y me calmaba poniendo su mano fresca y delicada sobre mi frente, mientras me hablaba cariñosamente al oído y me llevaba a otra vida en la que estábamos juntos y únicamente vivíamos el uno para el otro. Casi dos meses estuve enfermo y a medida que mejoraba mi salud, sin que yo supiera muy bien porqué, las visitas de Sara iban haciéndose cada vez mas espaciosas. Finalmente me recupere del todo y Sara no volvió a visitarme. Ahora todo es un poco lejano pero en aquel entonces mis recuerdos eran recientes y parecían tan ciertos…
Con la primera luna de junio recibimos en casa una mala noticia. Era una carta que enviaba la mujer de mi tío y en ella nos contaba que el hermano de mi padre había muerto. Sara había intentado suicidarse saltando al vacío desde la azotea de la casa. Mi tío vio como caía el cuerpo y salio rápidamente a auxiliar a Sara que sangraba abundantemente por la boca en medio de un gran charco de sangre. Pensó que estaba muerta y el mismo en ese instante, murió allí llorando ante a su hija. Minutos mas tarde ingresaron a Sara en el hospital de la ciudad. No había muerto pero su estado era extremadamente grave. Unas semanas después aun seguía en coma y los médicos no se atrevían a dar un diagnostico sobre su recuperación. Por supuesto la boda quedo anulada y si Sara no moría en el hospital seria expulsada de su casa al haber deshonrado a sus padres provocando la muerte de uno de ellos. Por la noche volví a mirar el retrato de aquella mujer dulce y tierna intentando buscar una explicación a lo que había sucedido, aunque para ello tuviera que hablar otra vez con Sara. Sara volvió esa noche y me tranquilizo diciéndome que nosotros seguiríamos unidos en otra vida lejos de todo lo que nos rodeaba. 
Lo ultimo que supe de mi prima era que había conseguido sobrevivir a las heridas pero que habían quedado gravemente lesionadas alguna zonas de su cerebro. No podía recordar nada de su vida antes del accidente. Tuvo que vivir durante tres años en un centro donde consiguieron recuperarla para que hiciera una vida lo mas normal posible. Por supuesto jamás recibió visitas de parientes o amigos pues mi tía lo prohibió expresamente y Sara salio adelante con la idea de que en el mismo accidente que a ella la tenia maltrecha y que nunca nadie se encargo de explicarle, su familia había muerto. Y en cierto modo se puede decir que así fue. Un día alguien nos dijo que Sara había salido del hospital y nadie ha vuelto a saber nada de ella. Nadie no, yo sigo hablando con ella todas las noches y me sigue recordando que estaremos juntos.
II) Ashaki

Ashaki tiene el pelo castaño con reflejos rubios que le dan un aire mas alegre. Dice que tiene veintidós años pero Ashaki miente, claro, ni ese es su nombre, ni esa su edad y si me fijo bien el pelo tampoco parece suyo. Pero en estos sitios, todo el mundo miente.
Ashaki es la viva imagen del deseo y tiene una cara con ojos verdes que enamora, seduce, emboba y desarma a la vez. Bebe coctel de champán rosa como si se fuera a acabar y deja la huella de sus pequeños labios rojo-fuego en cada copa. Su sello personal. Me abraza por la cintura y coloca su cabeza contra mi pecho en un gesto repetido que empieza a gustarme. Ha dejado atrás la voz de caramelo y los ojos de esperanza para empezar la lucha cuerpo a cuerpo. Una copa mas y empezara a sisearme barbaridades tan bajito que pongo toda mi atención y aunque se perfectamente lo que quiere, de momento me gusta más que el aliento de sus palabras, calido y húmedo casi pegajoso, me vaya llenando el oído por dentro. Por dentro mi cabeza, también se va llenando de imágenes de sexo.
Entre la silabas que intuyo y las caricias de sus manos pequeñas me voy haciendo una idea de lo que quiero. La quiero a ella con todas sus verdades a ella con sus labios rojos y su pelo falso. Quiero mirar sus ojos verdes y que Ashaki me abrace, me acaricie y me desnude el cuerpo. En esta guerra no hay vencedores ni vencidos y finalmente, sin mas, dejo que me lleve a su habitación.
Llama al bar y pide que la suban ron y coctel de champan rosa. Yo me dejo caer pesadamente en la butaca que tiene al lado de la mesilla. Ashaki desaparece en el baño para salir unos minutos después y apaga las lámparas dejando la habitación casi a oscuras, apenas iluminada por la luz azul que anuncia el local en el exterior. Enciende un pequeño aparata de música y suena una canción francesa con piano y una voz que inexplicablemente suena mas lenta que el ritmo de mi respiración.
 Me besa los labios. Me besa los labios otra vez y me deja que juegue con su lengua. Se separa un instante, justo para encender una vela en la mesilla y vuelve rápido para besarme con lujuria como si se acabara el tiempo mientras empieza a desvestirse. Sin dejar de besarme se quita el pequeño sujetador con bordes y costuras rosa y me regala una sonrisa amable a la vez que sus pechos blancos, casi lívidos, no muy grandes, no muy pequeños.
Llaman a la puerta anunciando las copas y mientras abre la puerta casi desnuda yo empiezo a quitarme los cordones de los zapatos despacio. Ashaki deja la pequeña bandeja con las dos vasos sobre una cómoda al lado de la puerta y viene hacia mi corriendo con pasitos cortos sin hacer ruido como si yo tuviera un imán para ella y cuando esta lo suficientemente cerca se tira a mis brazos para que la rodee y la mime. Dice que tiene frío y debe ser cierto porque noto sus pezones duros en mi pecho, haciéndome cosquillas. La abrazo y ahora soy yo el que persigue su lengua, juego con sus labios y acaricio centímetro a centímetro su piel mientras vamos a la cama.
Me mira fijamente a los ojos y empiezo a desvestirme mientras ella hace lo mismo con suavidad y se tapa con la sabana sin dejar de mirarme. Termino de quitarme la ropa y entro en la cama donde me espera el contacto áspero de la sabana y el cuerpo calido de Ashaki que consigue estremecerme. Nos acercamos y nos retorcemos juntando mezclando piernas, manos, labios, lengua y besos como si fuéramos dos caracoles en celo. Si alguien pudiera vernos no podría decir donde empezaba uno y donde acababa el otro.
Ashaki tiene una piel tesoro en la que hay que descubrir las pistas que te llevaban de un lado al otro de su cuerpo. Acariciarla es… emborracharte del olor de las rosas, es sentir la primavera, es alzar los brazos y tocar el cielo, es decir te quiero y es querer que te lo digan a ti. Puedes llegar a pensar que estas enamorado de ella. Ashaki y yo seguimos estrechando los espacios íntimos entre nosotros cada vez mas. Besarla es traspasar las fronteras de lo carnal para rodearse de alguna materia no descrita, jamás descubierta. Es quedar suspendido en medio del vacío, del infinito y aferrarse a una boca que igual da la vida que la quita. Es preferir la muerte por placer y un instante después amar la vida para esperar la muerte otra vez. Ella me besa y yo me estremezco una y otra vez contra su cuerpo, contra toda ella y sin embargo es ella la que me empuja y me atrae. Con cada oleada de besos necesito descubrir otros labios, otro beso, una piel distinta que me sacie y me deje descansar. Quiero un beso distinto de una mujer distinta cada vez que se acerca a mi.
Después se tumba a lo largo de mi. Noto su cuerpo húmedo y calido pegado al mío como una agradable segunda piel. Pasa sus brazos por debajo de mi cuello abrazándolo y sé que se prepara para el asalto final. Deja caer sus labios cada vez mas dulces sobre los míos y vuelve a empezar el juego de sus deseos. Y yo adoro ese juego.  Sin dejar de besarme gatea sabanas arriba con sus rodillas hasta que su sexo encuentra el mío y le invita a unirse a él. Luego todo se vuelve cadencioso y natural. Un poco lento para mi pero ella es la que manda, la que impone su ley, la que marca los tiempos y yo… me dejo hacer. Finalmente Ashaki consigue que únicamente haya una respiración, una boca, un único cuerpo. Yo no existo. He dejado de ser yo para ser un objeto que absorbe todo lo que ella me enseña. Yo soy sus besos, sus brazos, su aliento su sangre muy roja y muy caliente corriendo alocada para llegar a todos los puntos de su piel, de mi piel. Me lleva en un vértigo frenético por placeres distintos a cada segundo y me lleva enganchado a un mundo gobernado por emociones que no conocía. A veces me sube a lo mas alto para luego dejarme caer. Y todo es tan lento que se vuelve fantástico e irreal. En un instante deja de besarme, se para, se tensa y se estremece mientras noto como se eriza toda su piel. Acerca sus labios hasta mi oído y me deja mensajes incomprensibles con palabras dulces y suspiros lentos y profundos que interpreto como señales de paz. Pero hay guerras que no tienen tregua y esta es una de ellas. Rodamos por la cama hasta invertir los papeles y ahora soy yo el que mando. Soy yo el que la ataca con decisión mientras me empeño en besarla como me ha enseñado y ella es la que se deja vencer, la que no opone resistencia y para que me de cuenta que no tengo ganada la guerra me abraza fuerte la cintura con sus piernas y decide no soltar mi cuello. Y cada vez aprieta mas fuerte, hasta que creo que me muero a la vez que la beso y luego me abandono despacio tan lento como ella afloja la tensión de sus piernas y sus brazos alrededor de mi cuello.
Unos minutos después se levanta cuidadosamente y prepara el té con ron que me ofrece sentada desde el borde de la cama. Yo sigo tumbado y miro el ventilador del techo. Gira tan despacio que empiezo a pensar si no seremos nosotros los que damos vueltas a su alrededor. Me incorporo y mientras estamos allí sentados los dos, mirándonos desnudos, supe que no podría olvidarla. Al terminar la copa empecé a vestirme mientras hablábamos de cosas sin importancia y al acabar la miré fijamente:
-          Ashaki – empecé a decir - me gustaría…
Pero no digo nada, soy un cobarde. Me despido de ella y me regala un ultimo beso, un ultimo abrazo y una ultima mirada. A veces lamento un millón de cosas.  
Cierro la puerta al salir y tengo que apoyarme en la pared. Estoy temblando y creo que las piernas no me van a aguantar. Todo me da vueltas y siento que me falta el aire. Es el vértigo de vivir que gira alocado a mi alrededor y me abraza haciéndome feliz. Soy feliz? Esto es ser feliz? Haber encontrado a Sara en este burdel me ha hecho feliz? Que mas da. La semana que viene vendré a verla otra vez y me dirá las mismas cosas y nos reiremos de las mismas historias mientras bebemos y hacemos el amor y luego me despedirá cariñosamente hasta la semana siguiente. Y así una y otra vez. Y ninguna de ellas sabrá quien soy porque es la única manera de estar juntos, de que ella me diga que me quiere aunque sea mentira y que yo pueda seguir viéndola aunque para ello, nunca llegue a saber quien soy. Nunca sabrá como la amo. Nunca sabrá la verdad.
No se porqué pienso que quizá el ventilador estuviera parado. Esta noche se lo preguntare a Sara.

25 de junio de 2011

Mujer que habita un laberinto

da vueltas y mas vueltas por su cabeza
buscando una salida y se pregunta
cuanto tiempo aguantara abrazada
a un recuerdo o a una mirada
con la respiración contenida mientras vigila
para que no vuelvan las sombras de la noche.
La mujer que habita un laberinto
quisiera saber en que punto exacto se encuentra
y como de cerca quedan los acantilados
desde los que iniciar el vuelo;
necesita y desea amar a toda costa
aún a riesgo de parecer feliz
mientras los relojes estén parados.
La mujer que habita un laberinto
sabe que los limites de este varían
según los días que piense en él.
La mujer que habita un laberinto
desconoce que no esta sola
y que cuando lo descubra
no le importara quedarse a vivir en él.