Que una jueza argentina este en España tomando declaraciones, para defender los derechos de unos españoles a recuperar su memoria historica y saber donde estan enterrados los cadaveres, sin ataud, de sus seres queridos desde la sublevacion del año 36, es vergonzoso.
Que apartaran al juez Garzon por querer hacer esto mismo, habla de la poca vergüenza que trasmiten algunos jueces en particular, por prestarse a este sucio juego y nuestra descastada clase politica en general.
Que se cambie la ley por decreto para escarcelar a asesinos, traficantes y estafadores y asi reverenciar a los gobiernos de esos mafiosos es indigno, miserable y vergonzoso.
Que nuestro politicos se tiren tartas, que no hacen daño, como en las mejores comedias haciendonos creer que son distintos para tener opciones que votar y luego cohabitar, para cambiar la constitucion y bendecir a los bancos que nos obligan a pagar su deuda entre todos, es miserable y vergonzoso.
Y lo peor es que podria seguir contando.
21 de mayo de 2014
MISERABILIDAD Año 2014 d.c.
La palabra desde luego no existe. Igual que no existe ninguna dignidad en los personajes que protagonizan estas historias que provocan la vergüenza ajena de compartir una sociedad y un mundo que a todos nos huele mal menos a ellos.
30 de diciembre de 2013
Cuando el verano se fué...
(por Rodrigo Gamella Montalbán)
Cuando el verano se fué, arrojo una
lágrima al mar y esta se hundió entre la infinidad de agujas, cayendo hasta el
final del pozo donde encontró un campo de trigo por el que tuvo que viajar
durante horas, días y años.
Se enamoro de todas y cada una de
las mágicas hadas que encontraba al cambiar de dirección. Soñó que cabalgaba a
lomos de un caballo de cristal mientras dormía en una nube de recuerdos robados
por la erosión y bailó con sus sombras por conseguir el humo de un amor que le
quemaba por dentro.
Y durmió acompañado de la distancia
y la seguridad que da la noche diurna. Todo porque el invierno volvió a estar
de moda.
Nunca debiste quitarte aquella
bufanda.
28 de diciembre de 2013
Brasil, para siempre.
“Srs. Pasajeros, el vuelo 6.9.19.1.12 con
destino a Brasil va a despegar. Les rogamos se relajen y aspiren profundamente”
-
Ya
era hora. Parece que llevo toda la vida esperando. ¿Será como lo imagino?
Julio se abrocho el cinturón y acomodo su
cuerpo lo mejor que pudo al hueco en el asiento, luego se asomo por aquella
ventanilla pequeña y redonda que parecía un vistazo al pasado y empezó a sentir
que al fin despegaba. Enseguida un cielo azul y limpio le inundo la visa.
Algunas nubes, pocas, de algodón muy blancas no presagiaban más que un vuelo
agradable y tranquilo.
Unos minutos después, le pareció que veía
tierra. – “Quizás me quedé dormido y estemos regresado, pero entonces el sol entraría
por nuestra izquierda y no es así. Además esta alto, entra de arriba hacia
abajo: justo mediodía. Seguro que me quede dormido, claro la tensión del viaje.
“Un vuelo corto sin duda – pensó - pero estamos llegando”. Y la idea de que por
fin alcanzaba su destino se fue abriendo paso hasta acomodarse en su cabeza y
desde allí, empezó a destilar por todo su cuerpo una tranquilidad que antes
apenas recordaba.
A vista de pájaro, ya podía divisar las
playas kilométricas de arenas muy blancas y aguas de fondos azulados, verdosos,
trasparentes, salpicadas por hombres y
mujeres que las recorrían solventando sus quehaceres, de modo impreciso, sin
prisa, yendo y viniendo entre las pequeñas aldeas que continuamente iba
descubriendo unidas por estrechos senderos de tierra.
Le sorprendió no ver el mar con el agua
hirviendo de risas, la playa llena de cuerpos mulatos jugando sobre la arena, o
tomando el sol, sentados, hablando, dormidos, abrazados… sin sitio por donde
pisar sin incomodar a alguno.
Mas atrás, en una segunda línea resguardados
a la sombra seguro que había una fauna comerciante ofreciendo jugos tropicales
de piña, de papaya, de maracuya y combinados de ron, de cachaza, de lima… un
lujo para enfriarse de ese sol que debe quemar como el mismo fuego. Y
tenderetes. Con cuatro palos y un tejadillo. De ramas a punto de derrumbarse por
una mirada o un poco de viento donde tomar asados, hacer barbacoas… o cosidos
por una lona de color que albergan toda suerte de mercancías sin mas valor que
el de la obligación que tienen todas las playas del mundo a que existan:
sombreros, gafas, zapatilla, pareos, pañuelos, bolsos, y un millón de objetos sin clasificar para que disfruten los
mirones a paso muy lento examinando con cuidado cualquier baratija como si
trataran de descubrir la pieza mas valiosa de la casa de un anticuario durante
esas interminables horas de playa diaria .
Y tendré que buscarme algún trabajo, algo
tranquilo, no quiero engañarme, que me ocupe tres o cuatro horas como mucho al
día solo para poder comer. Dicen que el mar tiene de todo: pescados grandes y
sabrosos para asar por la noche en la playa y pescados pequeños para cocer con
arroz. Tendré que conseguirme una redecilla, ah! Y unas gafas para ver debajo
del agua aunque estoy seguro que a los dos días me acostumbrare a la sal del
agua y podré coger langostas a mano. Joder que rabia: Almudena no ha querido
venir aunque no la culpo. Ella tiene los pies en el suelo y yo siempre he
tenido alas en los pies. Es nuestro único desencuentro pero en cuanto este
instalado la llamo para que venga y disfrutemos juntos.
Aquello debe ser la selva, ¡que enorme!
Siempre pensé que aquí había más pueblos, más bichos y más plantas por
descubrir de lo que nos han contado. Y aquello, el Amazonas: increíble. Tan
grande y tan hermoso… ver como serpentea con la luz de la tarde hasta perderse
en el mas frondoso verde del horizonte… Me gustaría viajar alguna vez por este gran
río en un barquito de vapor, por el
placer de viajar. Como aquella película “La reina de África” ¿de África? Bueno,
todos los grandes ríos deben ser muy parecidos.
“Atención Srs. pasajeros estamos llegando
a nuestro destino. Pueden desabrocharse los cinturones” ¿Si claro, y fumar! Pero
es cierto: hemos hecho todo el viaje con los cinturones puestos. Ya es igual
estamos a punto de pisar Brasil.
Los pasajeros, advertidos unos a otros, se
abalanzan sobre las ventanillas de ala izquierda mientras se indican en voz
baja, algo que parece excepcional. Jaime movido por la curiosidad también se
acerca a mirar. El desconcierto se apodera de él rápidamente: un personaje
vestido con una túnica de un blanco que daña la vista como si mas que un color
el blanco fuera una luz, levita ane sus ojos y les da la bienvenida con un
gesto sereno y los brazos abiertos de par en par. Parece Dios. Jaime de pronto
cae en la cuenta: “El pan de azúcar” dice en un susurro y piensa que Brasil es
el lugar más bello del mundo. Boquiabierto grita a los demás pasajeros:
“Brasil” Y repite en otro grito mas intimo: “Brasil”.
------------------------------------ O
---------------------------------------
“Hora de la muerte doce cuarenta,
vamos a cerrar”, anuncia el doctor San Cristóbal a su equipo.
Minutos después mientras se lava las
manos aún apesadumbrado por lo que acababa de ocurrir en el quirófano, le
pregunta a su ayudante: “Que te a parecido?” “Hizo lo que pudo. – le responde
Carlos Moré, su ayudante - No se preocupe. No se si se dio cuenta que justo
antes de morir el paciente alcanzo a decir: Brasil y lo repitió mientras moría.
Es extraño: nosotros nos preocupamos por salvarle la vida y él, seguro que solo
pensaba en el próximo mundial de fútbol”.
2 de diciembre de 2013
Mis recuerdos
Me pregunto donde
descansan
mis recuerdos.
Se que algunos
sobreviven pegados
a las yemas de
los dedos
con la misma
intensidad
que otros habitan
el resto de la piel.
Un surco: una
esperanza de futuro imprevisible
un poro: una ilusión
de presente soliviantado
el mas remoto milímetro
cuadrado: un deseo
hundido entre los
pliegues de la emoción.
Otros se hospedan
en mis ojos
como destellos de
luz a veces, solo a veces,
comprensibles y siempre
fugaces
que aún me
permiten mantenerte
la mirada por
unos instantes,
recordar la
silueta fantasma de tu cuerpo,
un brillante azul
en tu pelo.
En mi boca duerme
el recuerdo de tu sabor
un poco dulce, un
poco salado, sabor a mar
que rompe y
esparce humedad
espuma y lucha a
partes iguales
y sabor a ola
sumisa de lengua fresca
de juego que
llega para besar.
Únicamente para
besar.
Tengo recuerdos
escondidos por la casa.
No a propósito.
No es cosa mía.
Son ellos que
decidieron quedarse.
Están en la
cocina disfrazados
de sonrisa y azafrán
cualquier día de
lunes a domingo
incluso las
fiestas de guardar.
Los hay en el
salón hechos de tu materia:
de vida entre las
hojas de los libros
con olor a tinta negra
y de música
melancólica y
dulce que adorabas
como únicamente
tu sabias adorar.
Las ropas de la
casa de los armarios
también tienen
recuerdos tuyos,
tu olor, tu forma
incluso un vestido gris
conserva dos
cabellos rojizos muestra
de un intento
desesperado por cambiar.
Supongo que si
abro cajón cualquiera
paseo descalzo
hablo a oscuras
cierro el gas
me miro a un
espejo,
aso castañas
me rio de nada
como galletas
dejo correr el
agua
guardo las
pastillas
duermo poco
pienso en otra
cosa
lloro por gusto
respiro despacio
respiro deprisa…
también
encontrare un recuerdo de ti.
Y a veces me
pregunto donde descansaran
los recuerdos
tuyos porque yo
aunque lo intento
no consigo encontrarme.
28 de noviembre de 2013
Eclipse de sombra
Hay una frontera
alta
en blanco y negro
perdida entre
recuerdos
e imágenes con
poca luz
que sirve a la
imaginación
y a los deseos
rotos
de esos días
tranquilos, lentos, dormidos.
Es fácil navegar
por ellos
o aun mejor sumergirte:
robas al mundo
todo el aire que puedas,
cierras la
cabeza,
te miras por
dentro
y saltas por la
borda de tu cuerpo
anclado a la
vida.
Y caes
hundiéndote sin querer,
sin esfuerzo
como si te
lastraran los pies
cruzando por el
azul
hacia lo más
profundo
de tu mente
inmaterial
con los ojos
abiertos
las manos vacías
y la cabeza
cerrada a la verdad.
No importa.
Nada importa.
La vida se para
el tiempo se
detiene
los sonidos y las
imágenes se desvanecen
y el aire huye
escondiéndose de ti.
No sienes nada
todo ha
desaparecido
ni tu mismo
existes
sencillamente no
existes
y aunque no lo
sepas
tampoco quieres
existir.
Erase una vez: un mimo
Gastón, el mimo, como a él le gustaba que
le llamasen, termino por vivir en la calle. Dormía sobre una cama de cartones
rotos cogidos aquí y allá y vestía ropas viejas que conjuntaba de modo
estrafalario en cuanto las robaba de la basura. De comer no hablamos: a lo sumo
un día de cada tres por la caridad de alguien o bien por que encontraba entre
la basura un poco de pan, media zanahoria o un yogur caducado de verdad.
El mimo, ofrecía un aspecto descuidado y
sucio de marioneta a punto de la desarticulación que paseaba sus
interpretaciones por los parques y jardines antes de que los niños huyeran llorando
y muertos de miedo mientras sus madres levantaban la mano haciendo aspavientos
para asustarle y de paso espantar las moscas que como satélites autorizados
giraban a su alrededor.
Gastón no era un mimo como los demás. Gastón
no había decidido interpretar un personaje que vivir unas horas al día, Gastón había
compuesto un personaje con el que mimetizarse, confundirse las veinticuatro
horas todos los días y dejar atrás una vida que sin duda no quería seguir
viviendo. Nadie se explicaba como un hombre de buenísima familia,
porvenir asegurado y sin otras necesidades que esperar, el Sr. D. Gaspar de
Toncaliú y Saez-Motril de la
Serena, debido sin duda a la descomposición química que
padecen los personajes humanos que tienen más de un gramo de locura, decidió
ser un mimo.
Y eso fue, si no recuerdo mal… un día
cualquiera de un año cualquiera de una vida cualquiera.
14 de noviembre de 2013
Inicialización
Primero fue mi madre y su educación
judeo-cristiana: “Junta las piernas”, “No seas descarada”, “No mires
fijamente”, “Cuidado con las manos”, “Esa falda mas larga putona”, “Nada de
pinturas!”…
Más tarde fue mi padre: “No seas boba”, “A
mama también le gusta”, “Esto es porque te quiero”, “Tu eres mía”…
Y luego fue el cambio de sexo. No, eso fue
después. Si, justo después de que matara a mis padres.
Tu eres de verdad?
-
Anda,
pregúntame lo que quieras Miguel.
-
Porque
se ha ido mama?
-
Cuando
seas mayor te lo explicare
-
Donde
esta mi habitación?
-
Esta
será tu nueva habitación
-
Y mis
juguetes?
-
Ya
eres mayor Miguel
-
Ya no
voy a ir al cole?
-
De
momento no.
-
Papa,
tu eres de verdad?
- Vaya
pregunta Miguel: cierra los ojos y duerme de una vez esto solo es una mala
racha. Y no, no soy de verdad. Yo soy un fantasma. Eso dice siempre tu madre.
13 de octubre de 2013
Mañana como siempre
Siempre es
mañana.
Ese intrépido día
con el mismo sol
y la misma noche
que ayer mismo
conocí.
Mañana también
abrazare
la idea feliz y
tierna que mece
la probabilidad
perfecta:
siempre es mañana
en los brazos del
llanto.
Lipografía de la letra "E"
Grabado con tinta
y rabia oscura
su barca hundida,
las olas rotas,
las altas rocas,
su boca roja
una sonrosada
rosa y un frondoso rosal.
Y al final grabo
mil risas blancas
como mil pálidas
lunas blancas
confundidas por
unas sombras
con amargo sabor
a sal.
5 de septiembre de 2013
Cuando seas no
Cierra
los ojos
afloja
los músculos
aparca
los sentidos
los
sentimientos
las
ideas vagas
las
sensaciones raras
y
todo lo demás.
Exhala
el aire que te queda
cesa
la actividad
deja
de ser quien eres, quien serás
deja
de sentirte todo
de
sentirte tú
deja
que se vaya
deja
de respirar.
No
eres
no
quieres
no
vives
no
sientes
no
mientes
no
pienses
no
vales
no
sabes
no
cabes
no
quieres
no
eres
no
eres
no
eres
no
eres no
eres
no
eres
no
quieres
no
tienes
no
sientes
no
mientes
no
sientes
no
piensas
no
vales
no
sabes
no
quieres
no
eres
no.
Abre
los ojos.
Y
ahora empieza a no respirar.
Rosa azul
Era
una rosa azul
rosa
de todos los vientos
rosa
de oscuridad desnuda
rosa
azul de voces mudas
rosa
azul de mares eternos.
Era
una rosa azul
rosa
de fuego en calma
rosa
de piel de cielo
rosa
azul y negro velo
rosa
azul de arenas blancas.
Era
una rosa azul
rosa
de ojos de mar profundo
rosa
espuma de sal
rosa
azul cuerpo de mar
rosa
azul vaivén del mundo.
Era
una rosa azul y noche
rosa
de flor y luna
rosa
herida de luz
entre
las rosas como tú
rosa
azul solo hay una.
Asím y el mar
Asim-Al-Harem nunca se había
movido de su ciudad pero había oído las historias de los viajeros
que llegaban y hablaban de un espacio casi infinito como el cielo de agua azul
que se volvía blanca cuando llegaba a la tierra y que atraía y amaba (y a veces
podía llegar a matar) por igual a todo aquel que lo contemplaba.
Y Asim busco por donde
hacerse a la mar. Primero subió a las cimas más altas por ver si divisaba
aquella enorme masa de agua de color azul de la que tanto había oído hablar
pero desde lo más alto las nubes impedían cualquier otra visión que no fueran
ellas mismas como si quisieran acaparar el vértigo de todas las miradas y no
dejaban ver el azul intenso. Se dispuso a seguir el curso de cualquier rio para
llegar al mar pero no supo encontrar un rio que no muriese en otro rio que no
muriese en un pantano sin fondo o en un salto mortal.
Decidió entonces seguir al
sol y viajo de país en país preguntando por un puerto, un océano, pescadores
con la piel ajada por el agua y la sal. Llego al oeste del mundo y de su propia
vida pero los días fueron pasando todos exactamente igual sin que por fin llegara
a ninguna parte y casi perdió la esperanza. Cansado de perseguir su sueño se
detuvo a reflexionar: que me impide ser feliz? que me impide ver el mar?
En estos pensamientos estaba
cuando vio acercarse por el camino una mujer que cargaba entre sus brazos un ánfora. Llego hasta él y con gesto amable derramo con
cuidado el agua de aquella vasija sobre él mientras con voz dulce la oyó decir:
“Toma, para que no pases sed. Es agua del mar”. En ese momento Asim recordó
todos los días de su vida como si hubieran sido uno solo y noto como las raíces
antiguas y profundas de sus pies se hacían más fuertes y gruesas a medida que se
ocultaban profundamente en la tierra empapada del agua que había vertido
aquella mujer.
Y entonces Asim perdió toda
esperanza y tuvo la certeza de que nunca vería el mar. Después pensó que hacer
con aquella ilusión.
La noche
La
noche dice que me quiere
que
me cuida de miradas
sin
identificar y de manos
manos
de promesas falsas
que
arañan mis sueños
y
dejan cicatrices
difíciles
de curar.
Manos
de luz sin sombra
sin
miradas atrás
manos
que abarcan
la
vida encerrada en un puño
y
que asfixian sin saber porque
el
poco, el mínimo aliento
que
queda por querer vivir.
Y
así noche tras noche.
A
la noche no le importa
que
me quede
solo
frente a la oscuridad
ni
que recuerde mansamente
las
curvas de tu espalda
los
tobillos frágiles y huidizos
o
las palabras de ceniza
justo
antes de partir.
Si
por la noche fuera
guardaría
tu imagen delicada
en
una maleta olvidada
de
tiempo y cuero eterno
y
perdería la llave
en
cualquier esquina de mi razón.
La
noche dice que me quiere
y
yo he terminado por creerla
porque
no? que me cuesta?
si
abro los ojos
el
día no es mucho mejor
y
tampoco quiero
creer
en mi otra vez.
Y
así, noche tras noche.
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