11 de mayo de 2009

EN LA ARENA

El sol, a plomo, vomita un sofocante calor de infierno. Allí abajo: ellos.
Los dos, frente a frente juegan a engañarse, para salir airosos del trance dramático que están viviendo. Miden los pasos, miden los tiempos. Juegan a acusarse, a rozarse, a formar arabescos con el cuerpo,y cuando están muy juntos a beberse los alientos.
Piensan en lo cerca que se encuentran, incluso de la muerte y no pueden evitar tragarse el cielo. Las gotas de calor y miedo llegan a su frente y levantan la cabeza buscando aire fresco. Se miran por un instante a los ojos, los cuatro ojos negros y ven, allí abajo, en el fondo todo aquello que están sintiendo.
Ven al amigo que produce emociones desconocidas. Ven al compañero que produce el miedo. Ven la tristeza ante lo que saben inevitable. Ven la pena, la rabia, la desesperación: el infierno. Y se ven a ellos mismos, tan solos, allí abajo...
Comprenden que solo se tienen el uno al otro y así va a ser hasta el final. Ahora ninguno de los dos quiere jugar al engaño. Ahora necesitan ser totalmente sinceros. El uno no le cita. El otro no le mide. El uno no enseña el trapo. El otro no escarba ofendido por ello. Entre ellos, la nada y una presencia que augura para siempre el silencio.
Una puñalada rasga el aire, abre la carne, rompe el tiempo. Todo en el mismo momento
Llega el llanto para los cuatro ojos negros. El uno llora de pena. El otro de remordimiento. Allí abajo, sobre la arena dorada de la plaza, los dos solos y el calor y sus recuerdos. Amigo, compañero: aun no te has ido y ya te hecho de menos.
Mientras uno muere, sin prisa, despacio, lento, se despiden los cuatro ojos negros, sin palabras, sin miedo, sin resentimiento. El otro sabe que los dos están muertos.

e.gamella
sep/08

6 de mayo de 2009

PALABRAS PARA SOÑAR

Hay palabras que sueño para tatuarlas dentro de ti. Por ejemplo latido. Y sueño un millón de palabras que voy dibujando con grafito sobre la idea de tu cuerpo, envuelto en la piel que un día heredare. Está firmado. Si sueño la palabra lazo, procuro anudarlo urgentemente a tus intenciones, antes de que te des cuenta, me descubras y reclames un divorcio expres de las habilidades de mis manos. Hay otra: tentación, que la sueño despacio asegurándome que milite entera dentro de ti. Espero que crezca y termine por hacer cosquillas en los pliegues de mi confianza. Pero solo cuando sueño la palabra sueño, me permites tatuar sobre realidades, aunque no me permitas saber en que parte de ti me encuentro. Una vez soñé con la palabra acertar pero claro, tu eso no lo apreciaste. Tu, solo admites sustantivos.

e.gamella abr/09

Hay palabras que sueño
para tatuarlas dentro de ti.
Por ejemplo latido.
Y sueño un millón de palabras
que voy dibujando con grafito
sobre la idea de tu cuerpo,
envuelto en la piel
que un día heredare. Está firmado.

Si sueño la palabra lazo,
procuro anudarlo
urgentemente a tus intenciones,
antes de que te des cuenta,
me descubras y reclames
un divorcio expres
de las habilidades de mis manos.

Hay otra: tentación,
que la sueño despacio
asegurándome que milite
entera dentro de ti.
Espero que crezca
y termine por hacer cosquillas
en los pliegues de mi confianza.

Pero solo cuando sueño
la palabra sueño,
me permites tatuar
sobre realidades,
aunque no me permitas saber
en que parte de ti me encuentro.

Una vez soñé con la palabra acertar
pero claro, tu eso no lo apreciaste.

Tu,
solo
admites
sustantivos.


e.gamella abr/09

4 de mayo de 2009

LAS HOJAS MUERTAS

Eran los principios del invierno. Aquel año los fríos habían llegado con ganas de quedarse más tiempo del habitual. Empezaba a amanecer en el parque y el sol iba dejando de ser esa inmensa bola anaranjada siempre por delante del cielo azul. Azul cobalto, azul añil, pero siempre azul para seducirnos por la mañana, mientras los rayos del sol ganan terreno a las formas oscuras que han reinado por la noche. Algunos pájaros entrenaban sus gargantas para el resto del día. Un pato lanzo un tremendo graznido que hizo levantar el vuelo a las palomas reunidas en un árbol cercano. El batir de sus alas me pareció un aplauso que también servia para saludar al sol, que poco a poco iba cogiendo fuerza y durante un momento, soñé que empezaba a calentar.
En nada de tiempo, la escarcha que cubre el campo empapara la tierra para que algunas semanas después la hierba mullida y suave tiña de verde estos campos. De verde, como la esperanza. Entonces los árboles despertaran e irán abriendo las yemas que ya despuntan en algunas ramas y volverán a verse grandes, frondosos, frescos, como cuadros de Pissarro. Y a juego con la hierba sus hojas esmeralda. Las mismas hojas que al final del verano caerán y tapizaran otra vez los caminos, las veredas, el paisaje, igual que hojas muertas rígidas y quebradizas que se confunden con el color del suelo.
Fue en ese momento cuando empecé a ver como desde allí, desde el suelo, cientos, miles de aquellas hojas me mandaban mensajes en forma de destellos. Eran tantos y a tanta velocidad que parecía estar mirando sobre las hojas, una noche estrellada. De esas en las que todos nos hemos reconocido alguna vez, al fresco de algún verano que juramos no olvidar, mirando al cielo con el cuello retorcido y muy quietos porque si nos movemos, creemos que se romperá la magia y nunca llegaríamos a entender lo que sin duda nos están queriendo decir las estrellas en ese momento.
Y por nada del mundo deseamos algo así y cuando queremos darnos cuenta nos encontramos como niños pequeños mirando con ojos asombrados lo infinitamente pequeños que somos y lo infinitamente emocionados que nos sentimos por pertenecer a tanta belleza. Y yo ahora tenía ante mis ojos, en el suelo y con la luz amaneciendo, esa misma sensación. Apenas movía un poco los pies, el cuerpo o la cabeza volvían insistentemente aquellos mensajes que como los de las noches de verano, no podía descifrar. ¿Qué querrían decirme?
Soñé que las hojas que caen de los árboles a principios del otoño, esas que cambian al color amarillo brillante luego al oro viejo y finalmente se desprenden del árbol para esconderse con el suelo, esas miles, millones de hojas que una vez han cumplido su tiempo pensamos que mueren, esas hojas aun estando lejos de su esplendor de su lugar de la misión para la que nacieron, esas hojas que están en el suelo: aún no han muerto. Y quieren contarnos algo que ellas vieron.
Quizás quieran contarnos que bajo ellas, en primavera, vieron desfilar los niños pequeños con ojos asombrados, muy abiertos para no perder detalle de la vida nueva que se abre ante ellos. Con manos ansiosas, inquietas que nos advierten con gestos que lo quieren todo y que no hay nada que les pare por dentro. Y en verano, que vieron pasar parejas con abrazos risas y besos. Y vieron pasar ideas, ilusiones, deseos, tesoros escondidos, amores, celos, felicidad, dolor, desconsuelos. En una palabra vieron como pasaba la vida. Y al llegar el otoño vieron como bajo ellas se sentaban cansados algunos viejos a contarles a las palomas como había sido el día de ayer sin ellos. Como el día de hoy tampoco estaría el o ella y que quizá mañana no venga, que ya esta muy mayor y nadie sabe que pasara. Y que ojala pase algo y no vuelva nunca más. Que ya esta bien. Que no lo entiende y que solo tiene ganas de volver a verle. O verla.
Quizá, cuando llega el invierno, las “hojas muertas” quieran contarnos todo esto. Y los cientos, miles de destellos que nos atraviesan son mensajes en idiomas-luz que debemos descifrar para entenderlo. Para entender que la vida que nos abraza, como se abraza un deseo.

A veces me despierto por la noche y revivo otra vez aquellos momentos. Sigo sin entender el mensaje de aquellas hojas en el suelo. Pero ahora se que si la luz de la mañana golpea sobre el hielo que la noche a puesto en las hojas y me llega su reflejo, es una pura carambola que se da una vez entre diez mil pero no estoy dispuesto a aceptarlo como verdadero, es mas, estoy dispuesto a rebatirlo con toda mi alma y mi mayor empeño.
Y reconozco que cuando ando por debajo de los árboles desde que empieza el otoño hasta que acaba el invierno procuro no pisar ninguna hoja, ir dando pequeños saltos para evitar herirlas y confio en que no piensen de mí (algunos) que estoy bebido o ciego. Es solo que no quiero pisarlas.
Por si alguna vez puedo leer sus mensajes y por fin las entiendo.

27 de abril de 2009

...QUE SIEMPRE VALE LO OSCURO PARA PODER VER MAS CLARO

- ¡Hola! Te llamo para que me hagas reír.
- ¿Necesitas reír?
- No, yo no. Pero tú necesitas saber que estoy bien.
- De acuerdo:
- Doctor, me duele aquí y aquí y aquí y aquí también y también aquí…- y va tocando con su dedo índice una a una, prácticamente todas las partes su cuerpo.
- Lo que le duele no es el cuerpo. Es el dedo. Esta roto.
- Es divertido aunque un poco doloroso. Deberá aplicarse Nodolorol.
- Gracias por reírte. Es cierto. Necesitaba saber que estas bien.
- ¿Volverás?
- Claro. Olvidé una sonrisa.
- ¿Ella lo sabe?
- Debería. Todo esto no son más que matemáticas. Un juego de matemáticas y espejos donde todo es nada y nada es lo que parece ser.
- Asegúrate. Los viajes por hacer deberían incluir botiquín de serie.
- Y los corazones de cristal seguros a todo riesgo. Son demasiado frágiles.
- Un beso.
- Un beso.

23 de abril de 2009

CUALQUIER DIA

Cualquier día antes de que te pierda definitivamente te diré todo lo que nunca he sido capaz de decirte. Te diré que no era cierto que me diera igual verte o no. Que la música sin ti, no suena igual. La lluvia no moja lo mismo, el sol sale mas tarde, se pone antes, el mar es menos amable y las olas, las olas no terminan de llegar sino estas a mi lado. Y que si no dormíamos juntos, yo no dormía.
Que espero volver a encontrarte alguna vez y pedirte que no vuelvas a desaparecer. Que no te vayas nunca más.

Si puedo, te lo diré cualquier día.

e.gamella
mar/09

18 de abril de 2009

EN LOS VIAJES POR HACER

para conica (pero con mucho miedo)

“En los viajes por hacer esta tu boca”
Y hablas de los viajes no hechos,
de los caminos no recorridos
de las heridas, del sol, la edad o el viento.
Luego cuentas del resto.
De tu boca de tu lengua de tu sexo,
y de tus clavículas y de tus dedos.
Lo dices tú.

En los viajes por hacer hasta su boca
están todos los viajes completos
hay pruebas, inventarios, circunstancias
y acuses de recibo.
Del resto, me quedo con tus clavículas.
Seguramente podré mirarlas
sin que tengan que curar las heridas
el sol, la edad o el viento.

Esto, lo digo yo.

NANAS DEL MAR

Duérmete niño querido
cierra los ojitos junta las pestañas,
boquita de mimo
narizita salada

Duérmete niño chiquito
acerca tu corazón junto a mi ancla,
cuerpecito de nácar,
sueños de ola blanca

Duérmete niño del alma
mejillitas de plata manitas calladas,
bracitos de amarra,
juegos de mar brava,


Ahora que estas dormido, perdido entre mis brazos, mecido por la barca,
devuélveme el amor que esta noche me has robado,

para dártelo mañana.

28 de marzo de 2009

Los fantasmas

Y se vistieron para la misa de 12. Movimientos lentos, precisos, sin dudas. Primero la ropa interior, luego calcetines y medias. Pantalón corto, falda plisada, camisas de entretiempo, jersey sin mangas, rebeca fina. Luego ataron los cordones de sus zapatos sin equivocarse. Finalmente se peinaron, se pusieron los abrigos, cogieron los caramelos y se dirigieron a la puerta de la calle. Salieron y cerraron suavemente. Sus padres se miraron felices pensando en lo difícil que era enseñar bien a los niños. Y todavía más si los padres eran agnósticos como ellos. Después una ultima mirada a la casa y se desvanecieron para siempre.

25 de marzo de 2009

SOBRE LAS BALLENAS


MENSAJE ESPECIAL: SI ALGUIEN CONOCE AUNQUE SEA POR CASUALIDAD PORQUE LAS BALLENAS QUEDAN VARADAS EN LAS PLAYAS Y TERMINAN MURIENDO IRREMEDIABLEMENTE REPITO SI ALGUIEN CONOCE EL MOTIVO POR FAVOR QUE LO DIGA BIEN ALTO PARA QUE PODAMOS ENTENDERLO LOS DEMAS Y NO CREER QUE ESTO TAMBIEN ES UN ERROR INHUMANO. IGUAL CON UN POCO DE SUERTE SEGUIREMOS OYENDOLAS CANTAR (PITINGO: NO ES PERSONAL). GRACIAS.

20 de marzo de 2009

El Pasado

Para RDT que me hablo y me hizo recordar el pasado

Desde siempre el hombre
supo que el pasado
pasado estaba y no volvía
pero no es cierto.
El hombre se mentía


En algún momento se piensa
que una vez el tiempo cede
se vuelve pasado y no puede
ser presente aunque lo intenta

Insistente una y otra vez pretende
revivir cualquier acontecimiento
que le valga de momento
para sentirse otra vez presente

El pasado no se da cuenta que
a veces cuando se convierte en recuerdo
se vuelve el más perfecto
de los tiempos
nada cambia en el pasado
Ninguna palabra, ninguna mirada
ningún sentimiento
y puedes vivirlos una y otra vez
Volver a escucharlos, volver a mirarlos
eternamente
y es una ventaja saber como empieza
y como acaba el pasado, en el presente.

e.gamella
dic/08

19 de marzo de 2009

LA LLAMADA

Se levanto despacio y desperezo los músculos de la espalda antes de apagar el cigarrillo contra el cenicero con la misma indiferencia con la que había apagado los otros. Aun con la mirada perdida mas allá de los ojos se acerco al mueble donde guarda lo que le queda de vida. Intenta recordar como era aquel libro que de pronto le había despertado del letargo cansino e indolente en aquella tarde de domingo. No consigue recordar pero sabe que no va a dejar de buscarlo. ¿Cuál seria? Al fin y al cabo ya solo le quedan veinte o veinticinco de aquellas historias que tanto le habían conmovido.
Aquello empieza a ser una estupida obsesión. No le gusta pero debe encontrarlo. ¿Cómo era? Si al menos consiguiera recordarlo. Todos los libros que pasan ante sus ojos han tenido una vida grata. Ninguno guarda ya el esplendor de lo nuevo. Ajados, rotos alguno con una goma elástica haciendo las veces de cierre para no perder su intimidad. ¿Pero donde estará? ¿Y si lo había perdido en alguna de las ultimas mudanzas? Solo lo piensa un instante pero suficiente para que la tristeza trepe hasta su garganta y empiece a carraspear intentado evitar que se acomode el sufrimiento. Ya sabe por experiencia que allí se convertiría en nudo de horca de esos que aprietan hasta hacerle saltar las lágrimas.
A duras penas empieza a desechar las opciones que su lógica le permite razonar. Primero descarta los tres tomos de los “Evangelios Apócrifos” esos que están prologados por Borges y a él le parecen un tesoro. Después aquellos otros cuatro libros de Blasco Ibáñez donde había basado como si fuesen los pilares de su vida, sus creencias más firmes. Después desfilan Mann, Joyce, Stendhal, Woolf. Tampoco son el libro que busca. Engels, Bakunin, Hesse, Nietzsche, Darwin y los poetas: Borges (para el siempre será un poeta) Byron, Kavafis, Benedetti, Machado. Y detrás de ellos casi escondido, a propósito, alejado de su propia mirada (aunque ahora no recuerda bien porque) ve el libro que busca.
Poco a poco todo empieza a recobrar sentido. Lo coge con cuidado, con mimo más por él que por el libro y cuando lo tiene cerca sabe que la emoción volverá a inyectarle la vida que necesita. El libro cobra vida rápidamente y se abre para darse como un amante seguro de si mismo y al abrirse deja al descubierto su prueba de amor. Todo aquello que él había querido guardar entre dos paginas. Recuerda aquéllos versos que los pétalos amarillentos de la flor que allí sigue (de ella, si de ella) de su mano apenas dejan leer…

¡Si me llamaras…
Lo dejaría todo
Todo lo tiraría
Los precios, los catálogos, el azul
del océano en los mares
Los días y sus noches
Los telegramas viejos
Y un amor…

El sabor salado de aquella lágrima le hace regresar rápidamente a la realidad y cierra cuidadosamente el libro, “su” libro. Vuelve a dejarlo en la estantería, allí, medio oculto para volver a encontrarlo cuando sienta la necesidad.
Enciende un cigarrillo y se acerca a la ventana para que en un arranque de ira controlado, el humo choque contra los cristales. Recuerda la frase que le decía en estas ocasiones, al oído mientras se colgaba de su cuello, toda amor, toda ella “Aun cuando no tengas nada, te quedaran los recuerdos”. Se tira en el sofá donde vela las noches, fija la mirada en el infinito, ese vacío tan cercano para él y poco a poco empieza a recordar la vida que le hubiera gustado tener al lado de ella. Si le hubiera llamado.


e.gamella
nov/08

18 de marzo de 2009

LA LUNA

Una vez la fortuna
salio de entre las sombras
para enseñarnos como se nombra
la luz de plata, la luna.

Y desde entonces sirve su reflejo
para que se miren los amantes
justo hasta el momento antes
de convertirse en un mismo espejo.

Si alguna vez por error o por descuido
o por simple amor a ese amor desconocido
ni ves la luz ni encuentras reflejo de plata alguna
entonces antes de que salga el rey dorado
ponte las alas de buscarme, las de Icaro enamorado.
Estaré perdido en la cara oculta de la luna.


e.gamella
dic/08

15 de marzo de 2009

Mi abrazo

Ven que te abrace. Déjame que te rodee. Así. Ahora deja que te mire. Calla. Quieta. A ver esos ojos que tanto quiero. Como me gustan. Y como me gusta mirarlos para ver que encuentro. ¿Qué pones en ellos cuando me miras? ¿amor?, ¿ternura?, ¿cariño? No. Ya se. Algo de todo ello. Para un poco. Y no, no te suelto. Estas loca si crees que voy a soltarte, ahora que te tengo. Espera, sigo. Tu boca. No, no. No la cierres ahora. Si. Creo que me gusta más cuando sonríes. De lejos porque entonces, a mi, me parece que prometes solo verdades. De cerca porque solo se la puede besar o mirar como se mueve imaginando que cuenta cuentos. Y no. No te suelto. ¿No ves que quiero que mis brazos entiendan el calor de tu cuerpo? Espera. Deja que te mire un poco más. Deja que no pase el tiempo. De acuerdo, te suelto un poco. Pero solo para que juegues a que te quieres ir de aquí adentro.

Y rápida te das la vuelta. (Te aprovechas de que soy bueno. Ahora que estas de espaldas se me atraganta el aliento). Ya tengo donde quería tu pelo. Le acaricio con mi cara (No. Soy yo el que se acaricia con tu pelo). Lo huelo. Me recuerda cosas de niño pequeño. ¿Y porque no te estas quieta? Los dos sabemos este juego. Sigo. Ahora con las manos atravieso tu cuerpo para llegar al vientre eterno. Principio y fin del mundo (tú estas parando el mundo en este momento). Y yo ato mis dedos para que no puedas escapar de este infierno. Y entonces como por arte de magia dejas de jugar y te rindes a los sentimientos. Te quedas quieta. Quieta. (¿En que piensas con tanto secreto?). Quieta. Quieta. Muy quieta. Si no fuera porque siento tu respiración diría que no te tengo. (¿Qué sentido tendría estos brazos sin tu cuerpo dentro? Mejor no lo pienso. Ahora que he aprendido a abrazarte. Ahora que se, que lo que quieres de un abrazo es que sea cierto).

Entonces, te mueves despacio. Y yo aflojo. Te dejo. Te vuelves (¡Eh! no te lleves el pelo). Te sigues volviendo. (Ya no lo tengo). Vuelve tu mirada, tu sonrisa. Y mi desconcierto. Pero no es lo mismo. Ya no hay lucha. Hay una firmeza que me da más miedo. De frente, sin dejar de mirarme, ordenas a tus manos ir hacia las mías que esperan en tu espalda (ahora lo entiendo). Las coges y tierna desenredas el nudo de mis dedos y antes de darme cuenta (ahora no pasa el tiempo) eres tu la que me abraza, la que me sujeta los brazos, la que me roba el calor del cuerpo mientras me asomo a tu sonrisa y a tus ojos negros y yo que no se luchar (ni quiero) entonces… entonces: me muero. Porque no solo me abrazas por fuera ¡tú me abrazas también por dentro! Y me quedo estático, quieto, quieto. Muy quieto.
.
.
.
.
(Ahora que pertenezco al mundo de los muertos espero que me devuelvas a la vida con un beso. Y volver a abrazarte. Y empezar otra vez el juego).


e.gamella
oct/08

15 de febrero de 2009

Despedida


Ya ves, después de tanto tiempo y a veces siento una infinita necesidad de ti. De volver a verte, de hablarte, de pasear contigo y de reírnos juntos. Recuerdo los días que te vi y recuerdos los días tristes que no te vi. Pero sobre todo recuerdo un día que fui a besarte para despedirme y me retiraste los labios diciendo: “No me beses, luego te vas y no puedo resistirlo”. Y no te bese. Y me fui. Y no puedo resistirlo.



e.gamella_dic/08

30 de diciembre de 2008

CAZARECOMPENSAS

Observo tímidamente desde una loma, asegurándose antes, de seguir camuflado. La vio a lo lejos, en aquel bosque que tanto le gustaba. Tranquila, confiada, segura a la orilla de aquel río que cruzaba por allí. Quizá, pensó, esperaba algo (o a alguien). Finalmente le pudo la curiosidad y muy despacio empezó a bajar en su busca.
Al llegar cerca de ella pudo observarla con más calma. Desatendió a la razón, que le decía otra cosa y decidió dejarse ver.
Ella no huyo. Sin saber muy bien porque, miro el río y no huyo. No es que no pudiese: no quiso.
Cuando estuvo a su lado la miro a los ojos y despacio se atrevió a hablarla:
- ¿No huyes?
- ¿Por qué habría de hacerlo?
- ¿Por… tenerme miedo?
- ¿Qué debería darme miedo?
- ¿Yo mismo?
- ¿Tú crees que das miedo?
- ¿Tú crees que no lo doy?
- ¿Tan peligroso eres?
- ¿No estas sola?
- ¿No crees que te esperaba?
- ¿A mí?
- ¿No huyes?
- ¿Por qué habría de hacerlo?
- ¿Por… tenerme miedo?
- ¿Qué debería darme miedo?
- ¿Yo misma?
- ¿Tú crees que das miedo?
- ¿Tú crees que no lo doy?
- ¿Tan peligrosa eres?
- ¿No estas solo?
- ¿No crees que te esperaba?
- ¿A mi?
.
.
- ¿Sabes que no has contestado a ninguna de mis preguntas, querida oveja?
- ¿Verdad que vas a darme mucho tiempo querido lobo?
- ¿Y si no?
- Te morderé el cuello y te devorare. Respondió la oveja con una sonrisa.

Y estaba tan convencido de lo que ella dijo (¡para una pregunta que responde!) que el lobo le dio todo el tiempo de que disponía.
Y tratando de descubrir cuanto había de cada uno de ellos en el otro, pasarón mucho, mucho tiempo juntos.
Por mas que en alguna ocasión llegaran a morderse.
En el cuello.
Sin daño.
Por el gusto de devorarse.

e.gamella
oct/08