Cinco lápices o lapiceros
con olor a madera
y foto fija de la niñez
listos para escribir versos
siempre inacabados
o relatos cortos de tiempo,
y a veces de intención,
sin contar alguno que no debe,
que no quiere que surja y existirán
por siempre, para siempre, dentro de él.
Una goma de borrar blanca
con pecado de tacto incorporado
para hacer desaparecer
todas las veces que sus dedos
escriben lo que quieren
en un cuaderno caja-fuerte
testigo desde su interior
de las ideas de un navegante
perseguido por la mar.
Una cuhilla amiga
de sus nervios serenos
que hace virutas de fiesta
cuando no encuentra
en la punta gastada, afónica,
de sus lápices o lapiceros,
los mensajes que seguro,
están guardadas mas allá,
dentro de una vena negra.
Poco más. Una trilogía de dedos
que sobreviven para sujetar
el cañón de sus palabras,
con mas alma que fuego,
y le conducen con rumbo exacto
por el mapa cuadriculado de papel,
mientras una cabeza encargada
de unir ideas con versos, trabaja
una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
Todo cabe en una bolsa pequeña
de espacios fugaces y sinceros
para ir y volver, colgada de su hombro
con un peso… abrumadoramente insignificante.
Y lo demás no importa. Lo demás no cuenta.
16 de octubre de 2009
23 de septiembre de 2009
RODRIGO
Me mira fijamente por detrás de sus gafas de sol y me desafía con ese gesto. La boca apretada, las mangas de la camiseta subida, una gorra del revés y los brazos cruzados bajo el pecho. Esta preparado para defenderse. Para atacar y defenderse.
Tengo una fotografía suya de cuando era pequeño. De cuando los ojos, los suyos y los míos, miraban juntos hacia delante. Un futuro mucho más cercano de lo que parecía. De cuando su carita me hacia muecas y jugábamos los dos a mil cosas diferentes.
Si el era pirata yo también. Y con pata de palo. Y tuerto de un ojo si hacia falta. Si disparaba su pistola de agua o de balas o de rayos, al otro lado siempre estaba yo intentando escapar o haciendo figuras imposibles para que no me tocaran ni uno solo de sus proyectiles de ficción. Y si conducíamos en coche yo siempre de copiloto vigilando para que no se saliera del asiento porque no llevábamos casco ni cinturones de seguridad y rebasábamos todos los límites que podíamos imaginar.
Por las noches nos acostábamos juntos. Unas veces leíamos y otras era yo el que inventaba una historia fantástica que terminaba por llevarle hasta el sueño. Otras veces la inventaba él y me dormía yo. Y así todos los días. Creamos un mundo diferente, ilegitimo y fantástico a su medida, donde cabíamos los dos.
Luego creció. Fueron años en los que cogió carrerilla y distancia. Sus propios amigos, sus propios juegos, todo nuevo. Y poco a poco iba sustituyendo lo que yo le había propuesto por lo que el encontraba. Como debe ser. Yo seguía de copiloto-polizón vigilando que no se hiciera daño.
Y ahora noto que poco a poco me va empujando de su nuevo mundo porque ya no tengo cabida en él. No me quejo pero ahora empiezo a sentir todos los dolores que antes no había sentido: me duelen los ojos de querer verle más allá. Y la pierna de palo porque se me olvido cambiarla cuando acabamos los juegos… y así se quedo. Y la espalda también me duele de todas aquellas figuras imposibles que tuve que hacer para que no me rozaran las balas que disparaba desde… y el alma, de jugarme la vida día a día en aquel coche sin ninguna seguridad.
Él dice que ya no entiendo nada. Que el mundo no es lo que yo digo sino lo que el sabe. Que no se juzgar a las personas, que estoy perdido, que conmigo no se puede hablar... Que me hago viejo, que no tengo remedio.
Pero lo que de verdad me hago, son preguntas. Y yo que había decidido no hacerme preguntas porque no quería saber las respuestas, siento como cada una de sus afirmaciones, cada una de las protestas de las críticas de los reproches que dispara contra mí con mucha más puntería que cuando era pequeño, me alcanzan y consiguen lesionarme. Debe ser que ni me doblo ni me escondo como antes.
Y además las respuestas al parecer, las tiene todas él. Mejor.
Tengo una fotografía suya de cuando era pequeño. De cuando los ojos, los suyos y los míos, miraban juntos hacia delante. Un futuro mucho más cercano de lo que parecía. De cuando su carita me hacia muecas y jugábamos los dos a mil cosas diferentes.
Si el era pirata yo también. Y con pata de palo. Y tuerto de un ojo si hacia falta. Si disparaba su pistola de agua o de balas o de rayos, al otro lado siempre estaba yo intentando escapar o haciendo figuras imposibles para que no me tocaran ni uno solo de sus proyectiles de ficción. Y si conducíamos en coche yo siempre de copiloto vigilando para que no se saliera del asiento porque no llevábamos casco ni cinturones de seguridad y rebasábamos todos los límites que podíamos imaginar.
Por las noches nos acostábamos juntos. Unas veces leíamos y otras era yo el que inventaba una historia fantástica que terminaba por llevarle hasta el sueño. Otras veces la inventaba él y me dormía yo. Y así todos los días. Creamos un mundo diferente, ilegitimo y fantástico a su medida, donde cabíamos los dos.
Luego creció. Fueron años en los que cogió carrerilla y distancia. Sus propios amigos, sus propios juegos, todo nuevo. Y poco a poco iba sustituyendo lo que yo le había propuesto por lo que el encontraba. Como debe ser. Yo seguía de copiloto-polizón vigilando que no se hiciera daño.
Y ahora noto que poco a poco me va empujando de su nuevo mundo porque ya no tengo cabida en él. No me quejo pero ahora empiezo a sentir todos los dolores que antes no había sentido: me duelen los ojos de querer verle más allá. Y la pierna de palo porque se me olvido cambiarla cuando acabamos los juegos… y así se quedo. Y la espalda también me duele de todas aquellas figuras imposibles que tuve que hacer para que no me rozaran las balas que disparaba desde… y el alma, de jugarme la vida día a día en aquel coche sin ninguna seguridad.
Él dice que ya no entiendo nada. Que el mundo no es lo que yo digo sino lo que el sabe. Que no se juzgar a las personas, que estoy perdido, que conmigo no se puede hablar... Que me hago viejo, que no tengo remedio.
Pero lo que de verdad me hago, son preguntas. Y yo que había decidido no hacerme preguntas porque no quería saber las respuestas, siento como cada una de sus afirmaciones, cada una de las protestas de las críticas de los reproches que dispara contra mí con mucha más puntería que cuando era pequeño, me alcanzan y consiguen lesionarme. Debe ser que ni me doblo ni me escondo como antes.
Y además las respuestas al parecer, las tiene todas él. Mejor.
3 de septiembre de 2009
LA MUERTE TIENE SUS PROPIOS PLANES
Abro la ventana…
el mundo a mis pies me espera
con los brazos abiertos
para que lo tome,
para que lo saboree...
Me seduce la idea
de su abrazo intimo, cálido,
de hembra amante
casi sexual.
No lo pienso mas.
Mientras caigo, lloro de felicidad.
I)
Puedo decir que la sensación es… fascinante. Dejas de sentir el peso de tu propio cuerpo sobre los pies y el peso del resto del mundo sobre ti. Podría haber dejado los ojos abiertos y ver como en pocos instantes me alejaba de la ventana hasta llegar al suelo. Hubiera sentido el vértigo de la velocidad que iba tomando, el viento cada vez mas frío en las manos y la cara. Pero preferí tener los ojos cerrados y lo que recuerdo es una calma que me lleno por completo. Después el poco miedo que aun tenia en esos momentos y las ganas de llorar que me producía esa paz.
El ultimo pensamiento que recuerdo es el de preguntarme como es que no había sentido nada igual en toda mi vida. No es cierto. Aun recuerdo algo mas. Una tremenda sacudida que rápidamente se tradujo en un horrible dolor por todo el cuerpo especialmente en la cabeza, el pecho y en un tobillo, el izquierdo creo. O quizá fuera la muñeca. No podía abrir los ojos, no podía decir una palabra no podía moverme y sin embargo era capaz respirar. Respiraba raro, sin ritmo pero lo hacia y sentí que la vida era una puta y yo era su cabrón.
Luego recuerdo oír gente a mi alrededor, llegando con urgencia y diciéndome a gritos o al oído que no debía preocuparme que una ambulancia llegaría enseguida. También recuerdo a alguien pidiendo un medico y a una mujer sollozando, y a un idiota recitando como un mantra algo sobre dios. Después recuerdo como el frío se empezó a apoderar de mí. Desde mis extremidades lenta y tenazmente hacia mi interior. Un frió incomodo que me rompe la poca calma que aun queda en mi. Es el único momento que sentí algo de miedo. El frío se me antojaba la muerte llegando con prisas. Despues alguien me limpia por dentro la boca y la garganta, retira dos dientes rotos que dan vueltas alrededor de mi lengua y sin el sabor pastoso y salado de la sangre siento como el aire llega de nuevo a mis pulmones. Este exceso terminó por hacerme desfallecer. Y ya no recuerdo más. Luego supe que había estado dos meses y medio mas muerto que vivo. La vida aún ganaba por goleada.
II)
Desperté en una sala de hospital con poca luz y poco ruido y un elevado numero de médicos y enfermeras circulando sin parar. Pude abrir un ojo. El único que me quedaba y tarde cerca de diez minutos en hacerme una idea de la situación. Luego se acerco ella y me sonrió muy dulce antes de decirme: “Buenos días. ¿Cómo has dormido hoy?” Que rica. Si hubiese podido me hubiera reído.
En los días siguientes aun sin habérselo pedido se encargó de ponerme al corriente de mi vida en el hospital. Las múltiples fracturas: dos vértebras, cuatro huesos difíciles de pronunciar, cinco fisuras…daños internos en el hígado, el páncreas los pulmones… y la pérdida del ojo derecho. Tres dientes, un colmillo, dos muelas casi tres litros de sangre y el pelo al cero regalo de la casa. Siempre que numeraba las lesiones que me había producido terminaba por decirme lo del pelo como si fuera una gracia y yo tuviera que reírme y de paso no sentirme tan mal. Siempre he creído que me cortaron el pelo por joder.
También se encargo de que supiera exactamente como iba mi recuperación, quienes eran los doctores que me atendían los cuidados que me procuraba y como iba mejorando día a día. Pues que bien. Y luego dicen que no funciona la seguridad social.
Tenía el turno de mañana fijo y me despertaba después de comprobar mis gráficos de la noche anterior. Luego me aseaba lo que incluía una limpieza integral arriba, abajo, delante y detrás. Curas, cremas, pastillas, inyecciones, pijama limpio y desayuno. Todo preciso, meticuloso, exacto. Cuando acababa la miraba con el ojo que me quedaba y pensaba (aun no podía hablar) que solo la faltaba echarse en la cama a mi lado. Si lo hubiera hecho un solo día, habría creído en la brujería. Y al acabar me decía: “Falta un día menos para que te vayas y me dejes sola”
A veces mientras me afeitaba cogía mi cara con su mano de dedos largos, frescos, delicados y yo con los ojos cerrados recordaba la paz que había sentido en el vacío semanas atrás. Únicamente se oía la cuhilla cortando despacio, muy despacio, casi pelo a pelo la barba crecida de dos o tres días. Me hacia sentir bien y desearla. No. Me hacia desearla y eso me hacia sentir bien.
Así estuve otro mes mas. Fui mejorando de mis heridas, sintiéndome cada vez mejor. Las fracturas habían curado casi todas y las heridas internas mejoraban rápidamente. Empezaba a tomar algún que otro alimento sólido y podía articular sonidos como: “si”, “no”, “humm” o “eh” y otros parecidos. Un día después de la visita medica a media mañana mi enfermera favorita se acerco y plantándome dos besos en la cara me dijo: “Felicidades, lo has conseguido. Te vas a planta”. Empecé a llorar por mi único ojo de rabia. Era la segunda vez que fallaba. Rápido me seco las lagrimas con sus dedos diciendo: “No te preocupes. Volveremos a vernos alguna vez.”
III)
Las siguientes semanas transcurrieron tranquilas. Al pasar a una habitación y desconectarme de casi todos los aparatos a los que vivía unido empecé una nueva vida. Ironías de la vida. Únicamente permanecí unido a una bomba que regularmente me suministraba los medicamentos que aun necesitaba. La sonda y su maldita bolsa habían desparecido cuando – nunca supe su nombre – me cogió la virilidad con una mano y con la otra mano tiro decidida y suavemente de la goma que me llegaba tan dentro.
Supongo que por el placer de pensar que iba a liberarme de aquello y porque la naturaleza no entiende de vergüenzas aquella manipulación me produjo un principio de erección que rápidamente tuve que abortar mirando fijamente a la bolsa y pensando en que hubiera podio llevarla toda la vida de paseo. Mano de santo aunque ella se dio cuenta y esbozo una sonrisa agradable sin dejar de hacer lo que estaba haciendo hasta que termino. Instantes después me dieron unas enormes ganas de abrazarla y besarla y enseguida note que volvía la erección. Mire la bolsa por ultima vez y curiosamente no me bajo la libido. Recuerdo que fue exactamente al revés.
Los primeros días utilice unas muletas, mas por los mareos que me producían los desplazamientos que por necesidad pues rápidamente pase a utilizar un único apoyo, un bastón ortopédico con cuatro terminaciones que junto a aquel pijama descolorido y mi turbante que tapaba el ojo y el oído perdidos me procuraba un aire extraño como de ingles mods, cuando paseaba por los pasillos. Éramos tantos en aquella sala de traumatología y unen tanto las heridas que finalmente terminé por hacer amigos. Congenie con otros cuatro tipos que como yo no parecían tener el menor apego a la vida.
Germán, vigilante nocturno en unos almacenes, casado, dos niñas. Bebedor compulsivo. En recuperación de un accidente de trafico por “ir un poco bebido” según el. Según la Guardia Civil, desde ese día encargaron detectores de alcoholemia de mayor rango. El guardia que le detuvo se hizo fotos con él, por hacerle ganar una porra sobre quien detenía al conductor mas bebido.
Jose Maria, socorrista de piscina. Soltero. Solo le gusta follar. Dice conocer mas de quinientas mujeres, que las quiere a todas y que a todas las conoce por dentro. El Chino dice que será por debajo. Solo sale los viernes y los sábados. El resto de los días entrena en el gimnasio. No quiere decirnos porque esta ingresado.
El Chino, algo le inquieta. Casado, un hijo. Se tuvo que operar de hernia discal después de que un acupuntor le terminara de descolocar el disco mientras le decía que tenía un nudo de fibras e intentara curarle con masajes y agujas. Se quedo tirado sin poder moverse un día en una estación del metro. Al recogerlo el 112 como solo podía estar en posición fetal decidieron transportarle a la ambulancia sentado en una silla del jefe de estación colocada encima de la camilla. Así subieron las escaleras y le llevaron por los pasillos. A pesar del dolor iba saludando con la mano como si fuera en el papamóvil. Una mujer ante el desconcierto de la escena se arrodillo y se santiguo a su paso. El Chino le devolvió el saludo haciendo la señal de la cruz con la mano y diciendo en voz alta: “Ego te absolvo…” Todo el mundo le llama chino. Nadie sabe porque.
Juan Carlos, divorciado dos veces. La ultima por voluntad propia al enterarse de que tenía aquella enfermedad que le obligaría a visitar el hospital cada ocho o diez meses para recomponer su espalda que se iba deformando irremediablemente. Su abuelo, su padre, dos hermanos y dos hijos habían muerto de lo mismo.
Y yo Angel, me diagnosticaron una esquizofrenia o paranoia o algo parecido hace tiempo. El caso es que de vez en cuando tengo la lucidez suficiente para saber que voy a ser más feliz muerto que vivo. Llevo dos intentos de suicidio. Mi psiquiatra dice que estoy empeorando.
La primera vez decidí asfixiarme con el gas de la cocina. Mi vecino al salir a tirar los pañales de la niña olió (tiene cojones) el gas y me “salvo” llamando a la policía. La última vez hace unos cuatro meses. No pude evitar tirarme por la ventana. Algo me decía que seria feliz, lo que siempre hemos querido los cinco.
Hemos formado una especie de asociación, una hermandad o secta o como se le quiera llamar. Son esos tipos de simbiosis que se dan de vez en cuando y funcionan bien. Aquí dentro, cada uno de nosotros seria capaz de mentir, engañar o robar y si nos ponen a prueba creo que incluso podríamos matar. No le tenemos gran apego a nuestra vida y algunas otras no creo que merezcan la pena.
Guardamos las pastillas para cambiárnoslas. Los médicos se empeñan en dosis para curarnos y nosotros queremos dosis para ser felices. Germán quiere unos relajantes musculares que le producen el mismo efecto que la bebida. José Maria las regala todas. Dice que su cuerpo es un templo. El templo del placer según Juan Carlos. A mi me dan ansiolíticos y litio. Yo se las doy al Chino. Dice que las revende en la planta de psiquiatría, que esta ahorrando para irse algún día a Cuba. Solo ida. Desde luego algo le inquieta.
Pasamos los días escondidos de las enfermeras que nos persiguen empeñadas en hacernos pruebas, tomarnos la tensión o la temperatura y curarnos las heridas. Nos cambiamos de planta, nos escondemos en las escaleras de emergencia o subimos a la azotea por una entrada a través de los conductos del aire que únicamente conocemos lo enfermos. Al juntarnos hablamos de nosotros tal y como somos. En carne viva. No nos mentimos como mentimos al medico cuando nos pregunta desde cuando nos duele ni a la familia o los amigos que nos visitan diciendo que tampoco habíamos fumado y que nos sentimos mucho mejor que ayer. Y que si seguimos así el fin de semana no porque no dan altas pero la próxima semana seguro que nos mandan a casa. Mentira. Todo una puta mentira.
Casi todos estamos de acuerdo en que quitando las comidas sin sal, el hospital es un buen sitio si sabes montártelo. Si tienes cuidado de que no te pillen y eres capaz de retrasar todo lo posible el alta medica puedes vivir como dios. Conozco al menos un par de tipos en mi ala que han terminado liándose con enfermeras. A uno de ello a diario viene a buscarle su enfermera y se lo lleva para hacerle una radiografía justo cuarenta minutos entre ir y volver. Ya le hemos dicho que una radiografía diaria no hay quien la aguante. El Chino dice que igual es una “mamografía” lo que le hace. Germán dijo que eso se lo hacia su mujer y que era para detectar bultos en el pecho. Ya le dije: “Germán, cuídate. El alcohol te esta destruyendo el cerebro también”.
Yo por mi parte recuerdo a veces mi enfermera de la UVI, si hubiéramos estado mas tiempo juntos… quien sabe. El mejor momento del día es por la noche. Justo después de cenar y de que se vayan las visitas se produce un momento mágico que coincide con el cambio de turno y en el que nos quedamos prácticamente solos. La vida se pone boca abajo. Salen de sus escondites los paquetes de tabaco que a partir de ese instante vuelven a vivir en los bolsillos de los pijamas descoloridos y dados de si. También las botellas de vino de tamaño pequeño aparecen de quien sabe donde para tomar protagonismo. Y las barajas y los dados. Hay que verlo. Es ese momento de anarquía hospitalaria donde se inician las timbas de tute, julepe o subastao que duraran al menos hasta las tres de la mañana, acompañadas por el ritmo acompasado y frenético de los dados en el cubilete que terminan por rodar en cualquier sitio. Ya quisieran muchos casinos de pueblo tener la vida en verano que tiene cualquier noche, este hospital.
Se ocupan las salas de visita, todas las escaleras e incluso algunas habitaciones cuyos enfermos no pueden salir. Cualquier sitio es bueno. Otro mundo. Las enfermeras procuran hacer la vista gorda porque saben que es imposible vivir aquí dentro de otra manera. Incluso se quejan bajito cuando hay un humo excesivo o alguno las pellizca el culo o les soba los muslos que de todo hay. Cada uno se juega lo que tiene. Unos algo de dinero. Otros la fruta que les trae la familia o los chocolates de parientes y amigos. Los hay que juegan al mus con pastillas como amarracos y hasta uno quiso jugarse el privilegio de tener una habitación individual. Así durante cuatro o cinco horas todos los días.
Nosotros solemos jugar al mus. Juan Carlos y yo y Germán y el Chino de parejas casi fijas. José Maria apenas sabe jugar pero sabe mirar y no decir nada. No de todos se puede decir lo mismo. Nos jugamos el café de media mañana del día siguiente y allí junto a la maquina hablamos de que tendremos que repetir esto cuando salgamos de aquí, cuando todos estemos fuera y recordemos esta mierda. Intención no nos falta, voluntad si. Todos sabemos que no volveremos a vernos. En poco tiempo únicamente seremos recuerdos los unos para los otros. Eso si buenos recuerdos. Yo prometo acordarme de todos ellos la próxima vez que intente suicidarme.
IV)
- Ponme otro.
- ¿No vas muy rápido? – Al otro lado de la barra una preciosa joven pelirroja de labios carnosos y ojos verdes trataba de ser amable conmigo. Una camiseta de tirantes con escote de infarto, el pelo suelto, la voz agradable... pero no tenía el día para bobadas. –
- Espera no me lo digas. En vez de entrar en un club de putas estoy en Alcohólicos Anónimos. – la conteste todo lo borde que pude –
- Anda y que te follen, gilipollas. A ver si te ahogas. – me dijo mientras me ponía otro Tom Collins –
- No me des ideas – respondí –
En ese momento se sentó a mi lado el único amigo que me quedaba.
- No seas borde Angel – me espeto a modo de saludo –
- Joder Chino que alegría verte. ¿Cuánto hace? ¿Seis meses?– Me gire y nos abrazamos un instante mientras confirme – ¿Cerveza verdad?
- Si, eso es, como siempre.
- Lo tienes? – le pregunte con curiosidad –
- Si lo tengo. ¿Lo quieres ahora? – contesto sin mirarme-
- No, luego. Vamos a beber – le dije saboreando la ginebra –¿Sabes que Juan Carlos…
- Si, y Germán también. Mala suerte. Brindo por ellos. – Y acerco la cerveza hasta hacerla sonar con mi vaso. – ¿Como te va?
Cabron de Chino, como si no lo supiera. De cualquier forma agradecí el que preguntara.
- Todo controlado. ¿Y tú?
- No me quejo. No tengo trabajo, me tuve que ir de casa y la familia dice no conocerme. – lo dijo mas como una confirmación que como un lamento. -
- Joder, si lo se no te pregunto. – tuve que hablarle de mi para no sentirme tan mal – Ya no voy al psiquiatra. Ni tomo pastillas.
- Lo tienes claro, ¿verdad? – me contesto haciendo una mueca para indicarme que conocía la respuesta -
- Si Chino, si. Desde hace mucho tiempo. –respondí a pesar de todo y para que supiera que no tenia ni una sola duda – ¿Te acordaras alguna vez de mi?
- Supongo que alguna vez. Pero no quiero prometerte nada. – dijo frío –
- Ve a por ella Chino. Te espero aquí. Esta noche me vendrá bien beber algo.
- Tardare una hora. No quería llevarla encima. Ya sabes por si decidías… otra cosa. Te la dejare en el coche. No quiero dártela en mano.
Nos abrazamos rápido y sale despacio. Cojea. Mal asunto lo de su hernia.
Otra vez me quedo solo. Ojala no tuviera que hacerlo. Pegarme un tiro no es algo que me agrade.
- No he podido evitar oír la conversación con tu amigo. ¿Otra copa? – Ahora aquella mujer que me miraba desde el otro lado de la barra como si me mirase desde el otro lado de la vida me pareció mas guapa, mas atractiva que antes –
- No importa. Ponme otro y toma tu lo que quieras. Oye siento lo de antes – le dije embobado sin dejar de mirarla a los ojos y fijándome en el resto de su cuerpo–
- Es igual. Te entiendo. Hoy es un día duro, Ángel.
- Si por suerte hay noche – no se porque dije eso pero enseguida me vino a la memoria las noches del hospital y Germán y Juan Carlos…- ¿A que hora sales - ¡Ojala sea pronto! ¿Cómo sabe mi nombre?
- No antes de las tres. – respondió aguantando mi mirada –
- – lo diría el Chino. -No se si tengo tanto tiempo.
- Tira el reloj. – dijo rápidamente –
- Me acorde de mi enfermera de la UVI. Supe que al igual que ella nunca sabría el nombre de la mujer que tenia delante. Es igual. El tiempo seguirá pasando – sentencie –.
- No te preocupes por eso. – me dijo mientras me cogía la mano con ternura - El tuyo y el mío, ya no pasara.
Empecé a sentir un frío intenso, penetrante que desde sus dedos largos, frescos y delicados me iba robando la vida a medida que me abrazaba por dentro cada vez con más fuerza, mostrándome todo su amor hasta quemarme el corazón.
Mientras moría rompí a llorar de felicidad y solo pensaba en no soltar su mano.
FIN
el mundo a mis pies me espera
con los brazos abiertos
para que lo tome,
para que lo saboree...
Me seduce la idea
de su abrazo intimo, cálido,
de hembra amante
casi sexual.
No lo pienso mas.
Mientras caigo, lloro de felicidad.
I)
Puedo decir que la sensación es… fascinante. Dejas de sentir el peso de tu propio cuerpo sobre los pies y el peso del resto del mundo sobre ti. Podría haber dejado los ojos abiertos y ver como en pocos instantes me alejaba de la ventana hasta llegar al suelo. Hubiera sentido el vértigo de la velocidad que iba tomando, el viento cada vez mas frío en las manos y la cara. Pero preferí tener los ojos cerrados y lo que recuerdo es una calma que me lleno por completo. Después el poco miedo que aun tenia en esos momentos y las ganas de llorar que me producía esa paz.
El ultimo pensamiento que recuerdo es el de preguntarme como es que no había sentido nada igual en toda mi vida. No es cierto. Aun recuerdo algo mas. Una tremenda sacudida que rápidamente se tradujo en un horrible dolor por todo el cuerpo especialmente en la cabeza, el pecho y en un tobillo, el izquierdo creo. O quizá fuera la muñeca. No podía abrir los ojos, no podía decir una palabra no podía moverme y sin embargo era capaz respirar. Respiraba raro, sin ritmo pero lo hacia y sentí que la vida era una puta y yo era su cabrón.
Luego recuerdo oír gente a mi alrededor, llegando con urgencia y diciéndome a gritos o al oído que no debía preocuparme que una ambulancia llegaría enseguida. También recuerdo a alguien pidiendo un medico y a una mujer sollozando, y a un idiota recitando como un mantra algo sobre dios. Después recuerdo como el frío se empezó a apoderar de mí. Desde mis extremidades lenta y tenazmente hacia mi interior. Un frió incomodo que me rompe la poca calma que aun queda en mi. Es el único momento que sentí algo de miedo. El frío se me antojaba la muerte llegando con prisas. Despues alguien me limpia por dentro la boca y la garganta, retira dos dientes rotos que dan vueltas alrededor de mi lengua y sin el sabor pastoso y salado de la sangre siento como el aire llega de nuevo a mis pulmones. Este exceso terminó por hacerme desfallecer. Y ya no recuerdo más. Luego supe que había estado dos meses y medio mas muerto que vivo. La vida aún ganaba por goleada.
II)
Desperté en una sala de hospital con poca luz y poco ruido y un elevado numero de médicos y enfermeras circulando sin parar. Pude abrir un ojo. El único que me quedaba y tarde cerca de diez minutos en hacerme una idea de la situación. Luego se acerco ella y me sonrió muy dulce antes de decirme: “Buenos días. ¿Cómo has dormido hoy?” Que rica. Si hubiese podido me hubiera reído.
En los días siguientes aun sin habérselo pedido se encargó de ponerme al corriente de mi vida en el hospital. Las múltiples fracturas: dos vértebras, cuatro huesos difíciles de pronunciar, cinco fisuras…daños internos en el hígado, el páncreas los pulmones… y la pérdida del ojo derecho. Tres dientes, un colmillo, dos muelas casi tres litros de sangre y el pelo al cero regalo de la casa. Siempre que numeraba las lesiones que me había producido terminaba por decirme lo del pelo como si fuera una gracia y yo tuviera que reírme y de paso no sentirme tan mal. Siempre he creído que me cortaron el pelo por joder.
También se encargo de que supiera exactamente como iba mi recuperación, quienes eran los doctores que me atendían los cuidados que me procuraba y como iba mejorando día a día. Pues que bien. Y luego dicen que no funciona la seguridad social.
Tenía el turno de mañana fijo y me despertaba después de comprobar mis gráficos de la noche anterior. Luego me aseaba lo que incluía una limpieza integral arriba, abajo, delante y detrás. Curas, cremas, pastillas, inyecciones, pijama limpio y desayuno. Todo preciso, meticuloso, exacto. Cuando acababa la miraba con el ojo que me quedaba y pensaba (aun no podía hablar) que solo la faltaba echarse en la cama a mi lado. Si lo hubiera hecho un solo día, habría creído en la brujería. Y al acabar me decía: “Falta un día menos para que te vayas y me dejes sola”
A veces mientras me afeitaba cogía mi cara con su mano de dedos largos, frescos, delicados y yo con los ojos cerrados recordaba la paz que había sentido en el vacío semanas atrás. Únicamente se oía la cuhilla cortando despacio, muy despacio, casi pelo a pelo la barba crecida de dos o tres días. Me hacia sentir bien y desearla. No. Me hacia desearla y eso me hacia sentir bien.
Así estuve otro mes mas. Fui mejorando de mis heridas, sintiéndome cada vez mejor. Las fracturas habían curado casi todas y las heridas internas mejoraban rápidamente. Empezaba a tomar algún que otro alimento sólido y podía articular sonidos como: “si”, “no”, “humm” o “eh” y otros parecidos. Un día después de la visita medica a media mañana mi enfermera favorita se acerco y plantándome dos besos en la cara me dijo: “Felicidades, lo has conseguido. Te vas a planta”. Empecé a llorar por mi único ojo de rabia. Era la segunda vez que fallaba. Rápido me seco las lagrimas con sus dedos diciendo: “No te preocupes. Volveremos a vernos alguna vez.”
III)
Las siguientes semanas transcurrieron tranquilas. Al pasar a una habitación y desconectarme de casi todos los aparatos a los que vivía unido empecé una nueva vida. Ironías de la vida. Únicamente permanecí unido a una bomba que regularmente me suministraba los medicamentos que aun necesitaba. La sonda y su maldita bolsa habían desparecido cuando – nunca supe su nombre – me cogió la virilidad con una mano y con la otra mano tiro decidida y suavemente de la goma que me llegaba tan dentro.
Supongo que por el placer de pensar que iba a liberarme de aquello y porque la naturaleza no entiende de vergüenzas aquella manipulación me produjo un principio de erección que rápidamente tuve que abortar mirando fijamente a la bolsa y pensando en que hubiera podio llevarla toda la vida de paseo. Mano de santo aunque ella se dio cuenta y esbozo una sonrisa agradable sin dejar de hacer lo que estaba haciendo hasta que termino. Instantes después me dieron unas enormes ganas de abrazarla y besarla y enseguida note que volvía la erección. Mire la bolsa por ultima vez y curiosamente no me bajo la libido. Recuerdo que fue exactamente al revés.
Los primeros días utilice unas muletas, mas por los mareos que me producían los desplazamientos que por necesidad pues rápidamente pase a utilizar un único apoyo, un bastón ortopédico con cuatro terminaciones que junto a aquel pijama descolorido y mi turbante que tapaba el ojo y el oído perdidos me procuraba un aire extraño como de ingles mods, cuando paseaba por los pasillos. Éramos tantos en aquella sala de traumatología y unen tanto las heridas que finalmente terminé por hacer amigos. Congenie con otros cuatro tipos que como yo no parecían tener el menor apego a la vida.
Germán, vigilante nocturno en unos almacenes, casado, dos niñas. Bebedor compulsivo. En recuperación de un accidente de trafico por “ir un poco bebido” según el. Según la Guardia Civil, desde ese día encargaron detectores de alcoholemia de mayor rango. El guardia que le detuvo se hizo fotos con él, por hacerle ganar una porra sobre quien detenía al conductor mas bebido.
Jose Maria, socorrista de piscina. Soltero. Solo le gusta follar. Dice conocer mas de quinientas mujeres, que las quiere a todas y que a todas las conoce por dentro. El Chino dice que será por debajo. Solo sale los viernes y los sábados. El resto de los días entrena en el gimnasio. No quiere decirnos porque esta ingresado.
El Chino, algo le inquieta. Casado, un hijo. Se tuvo que operar de hernia discal después de que un acupuntor le terminara de descolocar el disco mientras le decía que tenía un nudo de fibras e intentara curarle con masajes y agujas. Se quedo tirado sin poder moverse un día en una estación del metro. Al recogerlo el 112 como solo podía estar en posición fetal decidieron transportarle a la ambulancia sentado en una silla del jefe de estación colocada encima de la camilla. Así subieron las escaleras y le llevaron por los pasillos. A pesar del dolor iba saludando con la mano como si fuera en el papamóvil. Una mujer ante el desconcierto de la escena se arrodillo y se santiguo a su paso. El Chino le devolvió el saludo haciendo la señal de la cruz con la mano y diciendo en voz alta: “Ego te absolvo…” Todo el mundo le llama chino. Nadie sabe porque.
Juan Carlos, divorciado dos veces. La ultima por voluntad propia al enterarse de que tenía aquella enfermedad que le obligaría a visitar el hospital cada ocho o diez meses para recomponer su espalda que se iba deformando irremediablemente. Su abuelo, su padre, dos hermanos y dos hijos habían muerto de lo mismo.
Y yo Angel, me diagnosticaron una esquizofrenia o paranoia o algo parecido hace tiempo. El caso es que de vez en cuando tengo la lucidez suficiente para saber que voy a ser más feliz muerto que vivo. Llevo dos intentos de suicidio. Mi psiquiatra dice que estoy empeorando.
La primera vez decidí asfixiarme con el gas de la cocina. Mi vecino al salir a tirar los pañales de la niña olió (tiene cojones) el gas y me “salvo” llamando a la policía. La última vez hace unos cuatro meses. No pude evitar tirarme por la ventana. Algo me decía que seria feliz, lo que siempre hemos querido los cinco.
Hemos formado una especie de asociación, una hermandad o secta o como se le quiera llamar. Son esos tipos de simbiosis que se dan de vez en cuando y funcionan bien. Aquí dentro, cada uno de nosotros seria capaz de mentir, engañar o robar y si nos ponen a prueba creo que incluso podríamos matar. No le tenemos gran apego a nuestra vida y algunas otras no creo que merezcan la pena.
Guardamos las pastillas para cambiárnoslas. Los médicos se empeñan en dosis para curarnos y nosotros queremos dosis para ser felices. Germán quiere unos relajantes musculares que le producen el mismo efecto que la bebida. José Maria las regala todas. Dice que su cuerpo es un templo. El templo del placer según Juan Carlos. A mi me dan ansiolíticos y litio. Yo se las doy al Chino. Dice que las revende en la planta de psiquiatría, que esta ahorrando para irse algún día a Cuba. Solo ida. Desde luego algo le inquieta.
Pasamos los días escondidos de las enfermeras que nos persiguen empeñadas en hacernos pruebas, tomarnos la tensión o la temperatura y curarnos las heridas. Nos cambiamos de planta, nos escondemos en las escaleras de emergencia o subimos a la azotea por una entrada a través de los conductos del aire que únicamente conocemos lo enfermos. Al juntarnos hablamos de nosotros tal y como somos. En carne viva. No nos mentimos como mentimos al medico cuando nos pregunta desde cuando nos duele ni a la familia o los amigos que nos visitan diciendo que tampoco habíamos fumado y que nos sentimos mucho mejor que ayer. Y que si seguimos así el fin de semana no porque no dan altas pero la próxima semana seguro que nos mandan a casa. Mentira. Todo una puta mentira.
Casi todos estamos de acuerdo en que quitando las comidas sin sal, el hospital es un buen sitio si sabes montártelo. Si tienes cuidado de que no te pillen y eres capaz de retrasar todo lo posible el alta medica puedes vivir como dios. Conozco al menos un par de tipos en mi ala que han terminado liándose con enfermeras. A uno de ello a diario viene a buscarle su enfermera y se lo lleva para hacerle una radiografía justo cuarenta minutos entre ir y volver. Ya le hemos dicho que una radiografía diaria no hay quien la aguante. El Chino dice que igual es una “mamografía” lo que le hace. Germán dijo que eso se lo hacia su mujer y que era para detectar bultos en el pecho. Ya le dije: “Germán, cuídate. El alcohol te esta destruyendo el cerebro también”.
Yo por mi parte recuerdo a veces mi enfermera de la UVI, si hubiéramos estado mas tiempo juntos… quien sabe. El mejor momento del día es por la noche. Justo después de cenar y de que se vayan las visitas se produce un momento mágico que coincide con el cambio de turno y en el que nos quedamos prácticamente solos. La vida se pone boca abajo. Salen de sus escondites los paquetes de tabaco que a partir de ese instante vuelven a vivir en los bolsillos de los pijamas descoloridos y dados de si. También las botellas de vino de tamaño pequeño aparecen de quien sabe donde para tomar protagonismo. Y las barajas y los dados. Hay que verlo. Es ese momento de anarquía hospitalaria donde se inician las timbas de tute, julepe o subastao que duraran al menos hasta las tres de la mañana, acompañadas por el ritmo acompasado y frenético de los dados en el cubilete que terminan por rodar en cualquier sitio. Ya quisieran muchos casinos de pueblo tener la vida en verano que tiene cualquier noche, este hospital.
Se ocupan las salas de visita, todas las escaleras e incluso algunas habitaciones cuyos enfermos no pueden salir. Cualquier sitio es bueno. Otro mundo. Las enfermeras procuran hacer la vista gorda porque saben que es imposible vivir aquí dentro de otra manera. Incluso se quejan bajito cuando hay un humo excesivo o alguno las pellizca el culo o les soba los muslos que de todo hay. Cada uno se juega lo que tiene. Unos algo de dinero. Otros la fruta que les trae la familia o los chocolates de parientes y amigos. Los hay que juegan al mus con pastillas como amarracos y hasta uno quiso jugarse el privilegio de tener una habitación individual. Así durante cuatro o cinco horas todos los días.
Nosotros solemos jugar al mus. Juan Carlos y yo y Germán y el Chino de parejas casi fijas. José Maria apenas sabe jugar pero sabe mirar y no decir nada. No de todos se puede decir lo mismo. Nos jugamos el café de media mañana del día siguiente y allí junto a la maquina hablamos de que tendremos que repetir esto cuando salgamos de aquí, cuando todos estemos fuera y recordemos esta mierda. Intención no nos falta, voluntad si. Todos sabemos que no volveremos a vernos. En poco tiempo únicamente seremos recuerdos los unos para los otros. Eso si buenos recuerdos. Yo prometo acordarme de todos ellos la próxima vez que intente suicidarme.
IV)
- Ponme otro.
- ¿No vas muy rápido? – Al otro lado de la barra una preciosa joven pelirroja de labios carnosos y ojos verdes trataba de ser amable conmigo. Una camiseta de tirantes con escote de infarto, el pelo suelto, la voz agradable... pero no tenía el día para bobadas. –
- Espera no me lo digas. En vez de entrar en un club de putas estoy en Alcohólicos Anónimos. – la conteste todo lo borde que pude –
- Anda y que te follen, gilipollas. A ver si te ahogas. – me dijo mientras me ponía otro Tom Collins –
- No me des ideas – respondí –
En ese momento se sentó a mi lado el único amigo que me quedaba.
- No seas borde Angel – me espeto a modo de saludo –
- Joder Chino que alegría verte. ¿Cuánto hace? ¿Seis meses?– Me gire y nos abrazamos un instante mientras confirme – ¿Cerveza verdad?
- Si, eso es, como siempre.
- Lo tienes? – le pregunte con curiosidad –
- Si lo tengo. ¿Lo quieres ahora? – contesto sin mirarme-
- No, luego. Vamos a beber – le dije saboreando la ginebra –¿Sabes que Juan Carlos…
- Si, y Germán también. Mala suerte. Brindo por ellos. – Y acerco la cerveza hasta hacerla sonar con mi vaso. – ¿Como te va?
Cabron de Chino, como si no lo supiera. De cualquier forma agradecí el que preguntara.
- Todo controlado. ¿Y tú?
- No me quejo. No tengo trabajo, me tuve que ir de casa y la familia dice no conocerme. – lo dijo mas como una confirmación que como un lamento. -
- Joder, si lo se no te pregunto. – tuve que hablarle de mi para no sentirme tan mal – Ya no voy al psiquiatra. Ni tomo pastillas.
- Lo tienes claro, ¿verdad? – me contesto haciendo una mueca para indicarme que conocía la respuesta -
- Si Chino, si. Desde hace mucho tiempo. –respondí a pesar de todo y para que supiera que no tenia ni una sola duda – ¿Te acordaras alguna vez de mi?
- Supongo que alguna vez. Pero no quiero prometerte nada. – dijo frío –
- Ve a por ella Chino. Te espero aquí. Esta noche me vendrá bien beber algo.
- Tardare una hora. No quería llevarla encima. Ya sabes por si decidías… otra cosa. Te la dejare en el coche. No quiero dártela en mano.
Nos abrazamos rápido y sale despacio. Cojea. Mal asunto lo de su hernia.
Otra vez me quedo solo. Ojala no tuviera que hacerlo. Pegarme un tiro no es algo que me agrade.
- No he podido evitar oír la conversación con tu amigo. ¿Otra copa? – Ahora aquella mujer que me miraba desde el otro lado de la barra como si me mirase desde el otro lado de la vida me pareció mas guapa, mas atractiva que antes –
- No importa. Ponme otro y toma tu lo que quieras. Oye siento lo de antes – le dije embobado sin dejar de mirarla a los ojos y fijándome en el resto de su cuerpo–
- Es igual. Te entiendo. Hoy es un día duro, Ángel.
- Si por suerte hay noche – no se porque dije eso pero enseguida me vino a la memoria las noches del hospital y Germán y Juan Carlos…- ¿A que hora sales - ¡Ojala sea pronto! ¿Cómo sabe mi nombre?
- No antes de las tres. – respondió aguantando mi mirada –
- – lo diría el Chino. -No se si tengo tanto tiempo.
- Tira el reloj. – dijo rápidamente –
- Me acorde de mi enfermera de la UVI. Supe que al igual que ella nunca sabría el nombre de la mujer que tenia delante. Es igual. El tiempo seguirá pasando – sentencie –.
- No te preocupes por eso. – me dijo mientras me cogía la mano con ternura - El tuyo y el mío, ya no pasara.
Empecé a sentir un frío intenso, penetrante que desde sus dedos largos, frescos y delicados me iba robando la vida a medida que me abrazaba por dentro cada vez con más fuerza, mostrándome todo su amor hasta quemarme el corazón.
Mientras moría rompí a llorar de felicidad y solo pensaba en no soltar su mano.
FIN
31 de agosto de 2009
LOS GLOBOS
Hoy, he comprado mil globos de colores. Voy a inflar uno rojo cada vez que piense en ti. Y uno blanco cuando te vea sonreír. Uno amarillo por cada vez que me abraces y uno rosa cuando me mimes como tu sabes. Uno verde cada vez que me mires fijamente intentando saber si hablo en serio y otro azul cuando dejes caer los hombros en señal de rendición. Mañana tendré que comprar mas globos. Muchos más.
LA COMETA
Necesitare unos metros de cuerda y unas cintas de colores para anudarlas a ella con forma de lazo. Y un palo corto para liar la punta de una cuerda. La otra punta la atare a mi imaginación.
Luego haré una cometa para que vuele tan alto como ella quiera. Cruzara países, montañas, ríos, desiertos, selvas y mares hasta llegar a tu lado. Entonces terminare de soltar la cuerda que falte y la perderé para siempre. O casi, porque seguro que acabara enredada en ti.
Siento perderla porque me hace muy feliz pero se que tú, sabrás cuidarla.
Luego haré una cometa para que vuele tan alto como ella quiera. Cruzara países, montañas, ríos, desiertos, selvas y mares hasta llegar a tu lado. Entonces terminare de soltar la cuerda que falte y la perderé para siempre. O casi, porque seguro que acabara enredada en ti.
Siento perderla porque me hace muy feliz pero se que tú, sabrás cuidarla.
LA BALLENA
Sé que en algún lugar del mar,
se esconde mi ballena preferida.
Una ballena capaz de matar ilusiones,
con heridas profundas y dolorosas
que no van a cicatrizar nunca.
Y también sé que alguna vez
cuando suba a respirar,
acabare enredado entre
cabos sueltos de recuerdos
y arpones de firmeza
que me arrastraran
hasta el fondo de ese mar,
que tanto amo.
Y ya, no subiré jamás.
se esconde mi ballena preferida.
Una ballena capaz de matar ilusiones,
con heridas profundas y dolorosas
que no van a cicatrizar nunca.
Y también sé que alguna vez
cuando suba a respirar,
acabare enredado entre
cabos sueltos de recuerdos
y arpones de firmeza
que me arrastraran
hasta el fondo de ese mar,
que tanto amo.
Y ya, no subiré jamás.
DISTANCIA
Mañana hará veinte meses
que pasaste por mi lado.
Dos mil micromilesimas nos separaron
y me quede colgado de ti.
Dos meses después te acercaste
a menos de dos océanos y un continente
y seguías tan radiante...
supe que estaba enamorado.
Seis meses mas tarde pasaste a una distancia
de dos soles y tres planetas
mucha pero no lo suficiente
para dejar de quererte.
Un año después
nos separan dos sueños
una fantasía y tres quimeras
pero no puedo dejar de pensar en ti
Mañana hará veinte meses
que pasaste por mi lado
y voy a dejar de quererte.
por la puta manía que tienes
de irte cada vez mas lejos.
que pasaste por mi lado.
Dos mil micromilesimas nos separaron
y me quede colgado de ti.
Dos meses después te acercaste
a menos de dos océanos y un continente
y seguías tan radiante...
supe que estaba enamorado.
Seis meses mas tarde pasaste a una distancia
de dos soles y tres planetas
mucha pero no lo suficiente
para dejar de quererte.
Un año después
nos separan dos sueños
una fantasía y tres quimeras
pero no puedo dejar de pensar en ti
Mañana hará veinte meses
que pasaste por mi lado
y voy a dejar de quererte.
por la puta manía que tienes
de irte cada vez mas lejos.
CONFESION
PROLOGO
Dice Inés que: ¿Quién soy?
A veces yo también me lo digo.
Intuyo que aun a día de hoy
apenas distingo si vengo o si voy
y mas de una vez me maldigo.
INTRODUCCION
Se que nací en Madrid
uno de cuatro hermanos
que podría llamarme David
que guardo un antiguo dni
y que me case muy temprano.
Que hace tiempo deje mas de un rollo
el del fútbol: gol, penalti y falta
el de la tele: andreita comete el pollo
el del sexo: hoy fatatas, mañana follo
y que me quedo con el güisqui de malta
y con una ginebra azul y fría
que tomo a tragos largos
y aunque parezca una manía
he llegado a comprobar algunos días
que la ginebra besa besos largos
Que aprendí cuanto pude
que pensé lo que quise y quise
se que si te pasas alguien te sacude
y que antes de que me mude
me preocupara lo que no te dije
NUDO
¡Dice Inés que quien soy!
Que tengo la voz bonita, que parezco un profesor…
pues no, ni enseño ni profeso ni milito
ni política ni religión ni siquiera un poquito
si acaso música, cine y un antiguo lector.
Como a todos me partieron el corazón
y otra vez se lo llevaron
me salvo cuando no quise la razón
y aprendí que dios es un cabron
que juega con nosotros a los dados.
Pase trece años en coma,
y aprendí que en coma no se sueña
ni se sueña ni sientes como toma
la vida todos esos años de vida roma
mientras te tatúa: no se viven las vidas pequeñas.
Y por fin un día despiertas
y te regalan un piso, un hijo y una hipoteca
y pasas de tener una vida discreta
a vivir una vida de anacoreta
y además en medio me cambiaron por euros las pesetas.
DESENLACE
¡Que quien soy dice Inés!
Alguien con una vida ideal, como para no creerse:
seis u ocho trabajos, en el paro alguna vez
dos operaciones, media muerte sin estress
una vida para gritar: ¡es que hay que joderse!
Y hoy que por fin empiezo a entender
que veo cada cosa en su sitio
que mi hijo se esfuerza en crecer
que a ritmo de rap dice verme envejecer
y que con un lápiz escribo ripios,
hoy prefiero venir a beber cerveza
aquí, al bukowski, rodeado de poetas
y con una sola idea en la cabeza
ver como Inés grita: ¡barra libre, se acabo la pobreza!
y que alguna vez me toque a tiempo el peta.
Ahora que me debato entre el silencio y el grito
que a veces te quiero, y otras no creo
que a veces vivo y leo y otras pito y repito
ahora como dice cuando canta Fito:
“se que soy mucho mas guapo, cuando no me siento feo”
EPILOGO
Y ya esta. Este soy. Lo que ves.
Hecho de polvo de estrellas
y enganchado a una de ellas
paso día a día y mes a mes.
FIN
Ponme una cerveza Inés,y cóbrale a dios la botella.
Dice Inés que: ¿Quién soy?
A veces yo también me lo digo.
Intuyo que aun a día de hoy
apenas distingo si vengo o si voy
y mas de una vez me maldigo.
INTRODUCCION
Se que nací en Madrid
uno de cuatro hermanos
que podría llamarme David
que guardo un antiguo dni
y que me case muy temprano.
Que hace tiempo deje mas de un rollo
el del fútbol: gol, penalti y falta
el de la tele: andreita comete el pollo
el del sexo: hoy fatatas, mañana follo
y que me quedo con el güisqui de malta
y con una ginebra azul y fría
que tomo a tragos largos
y aunque parezca una manía
he llegado a comprobar algunos días
que la ginebra besa besos largos
Que aprendí cuanto pude
que pensé lo que quise y quise
se que si te pasas alguien te sacude
y que antes de que me mude
me preocupara lo que no te dije
NUDO
¡Dice Inés que quien soy!
Que tengo la voz bonita, que parezco un profesor…
pues no, ni enseño ni profeso ni milito
ni política ni religión ni siquiera un poquito
si acaso música, cine y un antiguo lector.
Como a todos me partieron el corazón
y otra vez se lo llevaron
me salvo cuando no quise la razón
y aprendí que dios es un cabron
que juega con nosotros a los dados.
Pase trece años en coma,
y aprendí que en coma no se sueña
ni se sueña ni sientes como toma
la vida todos esos años de vida roma
mientras te tatúa: no se viven las vidas pequeñas.
Y por fin un día despiertas
y te regalan un piso, un hijo y una hipoteca
y pasas de tener una vida discreta
a vivir una vida de anacoreta
y además en medio me cambiaron por euros las pesetas.
DESENLACE
¡Que quien soy dice Inés!
Alguien con una vida ideal, como para no creerse:
seis u ocho trabajos, en el paro alguna vez
dos operaciones, media muerte sin estress
una vida para gritar: ¡es que hay que joderse!
Y hoy que por fin empiezo a entender
que veo cada cosa en su sitio
que mi hijo se esfuerza en crecer
que a ritmo de rap dice verme envejecer
y que con un lápiz escribo ripios,
hoy prefiero venir a beber cerveza
aquí, al bukowski, rodeado de poetas
y con una sola idea en la cabeza
ver como Inés grita: ¡barra libre, se acabo la pobreza!
y que alguna vez me toque a tiempo el peta.
Ahora que me debato entre el silencio y el grito
que a veces te quiero, y otras no creo
que a veces vivo y leo y otras pito y repito
ahora como dice cuando canta Fito:
“se que soy mucho mas guapo, cuando no me siento feo”
EPILOGO
Y ya esta. Este soy. Lo que ves.
Hecho de polvo de estrellas
y enganchado a una de ellas
paso día a día y mes a mes.
FIN
Ponme una cerveza Inés,y cóbrale a dios la botella.
26 de agosto de 2009
GRACIAS POR SU VISITA
Apuntes de estas vacaciones en las servilletas de papel de bares, chiringuitos, restaurantes, similares y sucedaneos.
Mi tiempo y tu tiempo tienen la facultad de encontrarse a veces. El mió viene de dentro, del fondo. El tuyo debe venir de algún planeta lejano sujeto a las leyes físicas de los agujeros negros, esos que absorben y distorsionan todo lo que hay cerca de ellos. ¿Porque si no, llegas siempre tarde?
Me mueve la emoción el sentimiento, las ideas que circulan por mi cabeza y acarician mi cortex cerebral. La intención hacia ti, aspirar el aliento de dejas escapar cuando hablas, recoger el movimiento de tu cuerpo al revolverte, la sensualidad de tus caderas al llegar a mi… A ti sin embargo te mueven las piernas. Si, esas que quedan al final de tu culo.
ENVIDIA (de la_conica)
La intención es robarte las palabras escritas una a una, o mejor: todas a la vez para hacerlas mías para ponerlas en mis labios y recitarlas mientras siento su dulzura al decir las mismas cosas que dicen otros, solo por haberlas escrito tú.
La bandera que persigo ondea en mi cabeza con el mismo movimiento rítmico de tus cabellos.
Creo que el ojo de los insectos es así. Forman una imagen a través de las miles de ellas que toman con sus ojos. Mi cerebro es igual. Va formando imágenes de todas las fotografías que hicieron los ojos y las guardan en algún lugar de mi cerebro. A veces sales tú. A veces no. A veces veo nubes a veces no consigo ver. Igual tengo que descansar más y limpiarme las gafas de vez en cuando.
Pienso que puede,
Puede que crea,
Creo que siento,
Siento que digo,
Digo que pienso…
Pienso,
Puedo,
Creo,
Siento,
Digo…
Y miento.
Decidí no llevar reloj para no medir el tiempo. Y llegado a este punto me planteo la trágica verdad de que mido el no tiempo con igual intensidad. El tiempo que existe antes durante y después. Boca arriba, boca abajo, delante y detrás por allí por acá… se me hace tarde. Que hora no será?
El limite es una fina línea entre el presente y el futuro. Tan delgada que no puedes elegir poner en ella los dos pies: no caben. Debes situar un pie entre el presente y el limite y otro entre el limite y el futuro. El limite te obliga a elegir. Yo elijo un pie en el presente, otro en el futuro y el limite me lo paso por…
Me siento tan feliz con un lápiz y un papel escribiendo las tonterías que se me ocurren, pensando que el tiempo descansa dentro de la tinta azul que se gasta al ritmo de mis ideas… y soy tan feliz… que creo que me estoy volviendo gilipollas.
Seguro que de todos los futuros he elegido el mas imperfecto. El único que me mantiene vivo.
Ansío su boca, su cuerpo, ver su cara y hasta su voz. ¿Como se conjugara el verbo ansiar en el futuro? Ansié, ansiare? Vaya memez. Por si acaso empezare a conjugar los verbos reflexivos.
Detrás de “GUINNES” se encuentra una suerte de felicidad: talla 95, creo.
De particular a particular: te quiero pero no lo comentes.
Hoy en día debo elegir entre amar a crédito o amar a debito. Y todo antes de que caduquen las posibilidades de mi tarjeta.
Un buen culo es importante. Mas si no tienes buenos pechos.
Las ideas son importantes, si te falta iniciativa.
Mi tiempo y tu tiempo tienen la facultad de encontrarse a veces. El mió viene de dentro, del fondo. El tuyo debe venir de algún planeta lejano sujeto a las leyes físicas de los agujeros negros, esos que absorben y distorsionan todo lo que hay cerca de ellos. ¿Porque si no, llegas siempre tarde?
Me mueve la emoción el sentimiento, las ideas que circulan por mi cabeza y acarician mi cortex cerebral. La intención hacia ti, aspirar el aliento de dejas escapar cuando hablas, recoger el movimiento de tu cuerpo al revolverte, la sensualidad de tus caderas al llegar a mi… A ti sin embargo te mueven las piernas. Si, esas que quedan al final de tu culo.
ENVIDIA (de la_conica)
La intención es robarte las palabras escritas una a una, o mejor: todas a la vez para hacerlas mías para ponerlas en mis labios y recitarlas mientras siento su dulzura al decir las mismas cosas que dicen otros, solo por haberlas escrito tú.
La bandera que persigo ondea en mi cabeza con el mismo movimiento rítmico de tus cabellos.
Creo que el ojo de los insectos es así. Forman una imagen a través de las miles de ellas que toman con sus ojos. Mi cerebro es igual. Va formando imágenes de todas las fotografías que hicieron los ojos y las guardan en algún lugar de mi cerebro. A veces sales tú. A veces no. A veces veo nubes a veces no consigo ver. Igual tengo que descansar más y limpiarme las gafas de vez en cuando.
Pienso que puede,
Puede que crea,
Creo que siento,
Siento que digo,
Digo que pienso…
Pienso,
Puedo,
Creo,
Siento,
Digo…
Y miento.
Decidí no llevar reloj para no medir el tiempo. Y llegado a este punto me planteo la trágica verdad de que mido el no tiempo con igual intensidad. El tiempo que existe antes durante y después. Boca arriba, boca abajo, delante y detrás por allí por acá… se me hace tarde. Que hora no será?
El limite es una fina línea entre el presente y el futuro. Tan delgada que no puedes elegir poner en ella los dos pies: no caben. Debes situar un pie entre el presente y el limite y otro entre el limite y el futuro. El limite te obliga a elegir. Yo elijo un pie en el presente, otro en el futuro y el limite me lo paso por…
Me siento tan feliz con un lápiz y un papel escribiendo las tonterías que se me ocurren, pensando que el tiempo descansa dentro de la tinta azul que se gasta al ritmo de mis ideas… y soy tan feliz… que creo que me estoy volviendo gilipollas.
Seguro que de todos los futuros he elegido el mas imperfecto. El único que me mantiene vivo.
Ansío su boca, su cuerpo, ver su cara y hasta su voz. ¿Como se conjugara el verbo ansiar en el futuro? Ansié, ansiare? Vaya memez. Por si acaso empezare a conjugar los verbos reflexivos.
Detrás de “GUINNES” se encuentra una suerte de felicidad: talla 95, creo.
De particular a particular: te quiero pero no lo comentes.
Hoy en día debo elegir entre amar a crédito o amar a debito. Y todo antes de que caduquen las posibilidades de mi tarjeta.
Un buen culo es importante. Mas si no tienes buenos pechos.
Las ideas son importantes, si te falta iniciativa.
5 de julio de 2009
Papiroflexia
Esta mañana después de levantarme, volví a doblar la cama para guardarla en el bolsillo. Desplegué la taza de té y dos galletas pequeñas que cabían perfectamente en la palma de mi mano. Luego hice el coche. Hoy uno deportivo con alerones y tubo de escape exterior. Después de aparcarlo en la cartera, abrí mi despacho, despacito, por no desordenar los papeles que se amontonan. Mas tarde una comida rápida, (doblo, giro y vuelta) y por la tarde de nuevo al taller donde pliego las palabras. Lo que siento es que al coger un pañuelo del bolsillo, he perdido la cama. Ni idea de cómo voy a doblarme esta noche.
29 de junio de 2009
Pesimismo
Lentamente noto que gano la batalla. ¿Quién dijo que en la victoria hay honor, alegría, satisfacción? El cansancio se va acumulando en mi igual que el tiempo en los caminantes. Ya apenas soy capaz de levantar los brazos en señal de victoria y mucho menos la mirada. Me da vergüenza. Esta estúpida guerra, esta maldita guerra acabara con nosotros. Con todos. Vencedores y vencidos. No se puede ganar sin perder a la vez.
Dentro de poco tiempo nada de esto existirá. Ni los motivos ni los excesos, ni tu ni yo y habré olvidado preguntarme para que todo esto. He decidido perderla. Apoyare y ayudaré tu victoria. Así al menos seguiré con mis ideas intactas. Ideas estúpidas que no gastare al intentar imponerlas. Quizás sea el principio. O el final. Quizás, este aprendiendo.
Dentro de poco tiempo nada de esto existirá. Ni los motivos ni los excesos, ni tu ni yo y habré olvidado preguntarme para que todo esto. He decidido perderla. Apoyare y ayudaré tu victoria. Así al menos seguiré con mis ideas intactas. Ideas estúpidas que no gastare al intentar imponerlas. Quizás sea el principio. O el final. Quizás, este aprendiendo.
17 de junio de 2009
FADO
pidiéndome al oído que lo bailara con ella)
"…se apagaron las luces,
sonaron las guitarras
y según cerraba los ojos,
empezó a cantar…"
un fado
en algún momento,
con recuerdos sepultados
bajo capas de ceniza
de algún antiguo fuego
que quedo a la espera
de una voz de color violeta
que disparase su versos al viento,
que surcara los aires tristes y
que soñara su recuerdo
para morir dentro.
No contaba
con lo frágiles que son
algunos aliados
y después de atravesarme,
estallo entero.
e.g./ may-09
16 de junio de 2009
LISBOA
He oído hablar del otoño en Lisboa.
Aunque únicamente conozco su primavera, he decidido volver. Volveré para contar los mosaicos blancos y negros de sus calles. Y de sus plazas. También contare los árboles, uno a uno. Y sus palacios antiguos.
Y mediré las aguas de su río y el ancho de su boca al llegar al mar. Y los momentos tranquilos, también los mediré. Sus horas de luz, sus vientos atlánticos, el olor a sal y el color marinero de sus barrios viejos, también. Espero que no falte nada. Que todo sigua igual.
Porque volveré para pasear por Lisboa. Andarla y sentirla viva bajo los pies y esperar con suerte que alguna vez me permita echar el ancla en ella.
Y cuando me canse, me sentare a comer y beber vino en la plaza del Comercio, en una terraza que me haga fantasear mientras espero que pase Pessoa por casualidad.
Y a que pase el tiempo como si el tiempo fuera un fado lento cantado al oído. Un fado que diga que Lisboa me aprisiona a condición de que la quiera, para que no me vaya nunca. Como debe ser.
He oido hablar del otoño en Lisboa.
eg/may-09
Aunque únicamente conozco su primavera, he decidido volver. Volveré para contar los mosaicos blancos y negros de sus calles. Y de sus plazas. También contare los árboles, uno a uno. Y sus palacios antiguos.
Y mediré las aguas de su río y el ancho de su boca al llegar al mar. Y los momentos tranquilos, también los mediré. Sus horas de luz, sus vientos atlánticos, el olor a sal y el color marinero de sus barrios viejos, también. Espero que no falte nada. Que todo sigua igual.
Porque volveré para pasear por Lisboa. Andarla y sentirla viva bajo los pies y esperar con suerte que alguna vez me permita echar el ancla en ella.
Y cuando me canse, me sentare a comer y beber vino en la plaza del Comercio, en una terraza que me haga fantasear mientras espero que pase Pessoa por casualidad.
Y a que pase el tiempo como si el tiempo fuera un fado lento cantado al oído. Un fado que diga que Lisboa me aprisiona a condición de que la quiera, para que no me vaya nunca. Como debe ser.
He oido hablar del otoño en Lisboa.
eg/may-09
26 de mayo de 2009
VIAJE AL INFINITO (basado en hechos reales)
Primero viniste a casa. A la terraza que da al oeste. Un inmenso terreno cuajado de arbustos y árboles recién plantados. Girabas la cabeza de un lado a otro y procurabas fijar la vista en algún punto, sin conseguirlo. Se notaba que era demasiado espacio para ti. Entonces empezaste a jugar con los gatitos pequeños que se acomodaban por tus pies. A uno lo acariciabas, a otro le miraste fijamente para recriminarle la envidia y los arañazos suaves en los tobillos. Finalmente dejaste que te mordiera los dedos de la mano mientras te quejabas de broma.
Otro día fuimos al mar. A mi casa de la playa a orillas de un hermoso mar particular que incluía como si fuera una postal una ballena varada, con su geiser perpetuo. Recorrimos la orilla bajo la luz del mediodía, despacio sin dejar que el agua nos mojara. No se porqué. Supongo que hay misterios que no quieres enseñarme. Luego nos sentamos y hundimos los pies en la arena. Y empecé a leer. En ti y a ti. Tu te reías abiertamente por los juegos de palabras, por las palabras y porque las ideas que guardaban las palabras te hacían cosquillas el los oídos. Mientras reías comprendí que te gustaba lo que decía.
Ayer volamos hasta las tierras altas. Casi dos mil hectáreas hacia el oeste. Mientras el piloto por radio iba ejerciendo de guía para que viéramos a izquierda y derecha los principales atractivos del viaje, nosotros fuimos recuperando las viejas conversaciones que siempre nos gustaron. Todo el día estuvimos recorriendo los caminos y senderos y todo el día seguimos hablando. Y estabas feliz de poder hablarme.
De vuelta, quedamos para comer cualquier día. Esta vez iremos a un sito pequeño para que las palabras que nos digamos, esas que los espacios grandes y vacíos difuminan en los primeros instantes, salten entre las paredes y podamos oírnoslas una y otra vez.
Después compartiremos el postre, y yo imaginare un viaje cercano con cara de gatito juguetón cruzando por debajo de la mesa, y mordiendo suavemente tus tobillos viajeros enterrados en la arena, mientras me sigues hablando para que lea en tus labios, las palabras de este ultimo viaje que aun no hemos iniciado.
e.gamella
may/09
Otro día fuimos al mar. A mi casa de la playa a orillas de un hermoso mar particular que incluía como si fuera una postal una ballena varada, con su geiser perpetuo. Recorrimos la orilla bajo la luz del mediodía, despacio sin dejar que el agua nos mojara. No se porqué. Supongo que hay misterios que no quieres enseñarme. Luego nos sentamos y hundimos los pies en la arena. Y empecé a leer. En ti y a ti. Tu te reías abiertamente por los juegos de palabras, por las palabras y porque las ideas que guardaban las palabras te hacían cosquillas el los oídos. Mientras reías comprendí que te gustaba lo que decía.
Ayer volamos hasta las tierras altas. Casi dos mil hectáreas hacia el oeste. Mientras el piloto por radio iba ejerciendo de guía para que viéramos a izquierda y derecha los principales atractivos del viaje, nosotros fuimos recuperando las viejas conversaciones que siempre nos gustaron. Todo el día estuvimos recorriendo los caminos y senderos y todo el día seguimos hablando. Y estabas feliz de poder hablarme.
De vuelta, quedamos para comer cualquier día. Esta vez iremos a un sito pequeño para que las palabras que nos digamos, esas que los espacios grandes y vacíos difuminan en los primeros instantes, salten entre las paredes y podamos oírnoslas una y otra vez.
Después compartiremos el postre, y yo imaginare un viaje cercano con cara de gatito juguetón cruzando por debajo de la mesa, y mordiendo suavemente tus tobillos viajeros enterrados en la arena, mientras me sigues hablando para que lea en tus labios, las palabras de este ultimo viaje que aun no hemos iniciado.
e.gamella
may/09
21 de mayo de 2009
CON FRIO
A veces yo también paseo distraído en invierno, en esos días que invitan mas a estar en casa que andar por ahí rumiando ideas locas, y que nos abandonan inevitablemente igual que nos deja, el vapor de la respiración. Será, por su escasa consistencia y su poca necesidad.Sin embargo a pesar del frío intenso que me muerde en las manos y en los ojos, me gusta creer que debo aguantarlo. Si hubiera juntado todos esos alientos, tan cálidos, y hubiera sido capaz de tejer ropa de abrigo con ellos, hoy no pasaría frío en la calle cuando pienso.
Y además paseo despacio. Si la idea que tengo merece la pena, espero que el frío pueda congelar las imágenes y así con peso, clasificarlas, ordenarlas y guardarlas más fácilmente en los estantes de mi cabeza, tan fría que empieza a quejarse a estas alturas del paseo. No soporto la idea de que este también fría por dentro.
Pero casi todos, uno tras otro, los pensamientos se confunden y escapan de mí, convertidos en vaho, lo que sin duda prueba su escasa consistencia y la poca necesidad de pasear con tanto frío.
Y sin gorra en invierno.
e.gamella
abr/09
Suscribirse a:
Entradas (Atom)